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sábado, 11 de octubre de 2014

ESPECIAL RECOPILACION DE VISIONADOS VERANIEGOS: TEMPORADA 2014




Título: Lost in La Mancha
Directores: Keith Fulton & Louis Pepe
Año: 2002
Intérpretes: Terry Gilliam, Johnny Deep (Él mismo/ Toby), Jean Rochefort (Él mismo/ Don Quijote), Jeff Bridges (Narrador)
Calificación (sobre 10): 7

Esto es básicamente un documental, aunque originalmente pretendía ser un making-of, sobre el fallido proyecto de Terry Gilliam de rodar una adaptación libre del Quijote protagonizada por Johnny Deep y Jean Rochefort que se fue a tomar por el culo por toda una serie de catastróficas desdichas.
Sin dejar de ser un documental, y por tanto, tener el ritmo y la duración propios de este género, Lost in La Mancha resulta fascinante por ser lo que es, la crónica meticulosa de cómo una película se puede ir a la puta mierda en cualquier momento, ya sea por errores humanos del equipo de producción de la misma cómo por la pura mala suerte.
Así, durante algo más de una hora y media somos testigos de cómo Terry Gilliam pudo poner, por fin, en marcha su ansiado proyecto (por más de una década lo intentó sacar adelante) , The man who killed Don Quixote, vemos la forma en la que quería adaptar la obra y también los conceptos novedosos que quería introducir en el film, y sobre todo, vemos la mejor cara del propio Gilliam, su innata habilidad como artesano, como una persona capaz de plasmar de forma brutal sus imaginaciones en el mundo real. Todo esto, al igual que el visionado del escaso metraje rodado de la cinta que se nos muestra nos lleva a creer algo que bien podría haber sido cierto, que de haberse podido terminar probablemente habríamos estado ante un peliculón de la polla.
Y es entonces cuando todo se va al infierno. Las malas condiciones climatológicas, la enfermedad del actor protagonista, Jean Rochefort, y finalmente los problemas de financiación pusieron el último clavo en la tapa del ataúd de la película. Somos espectadores de lo mejor y lo peor que puede ocurrir durante un rodaje, un recordatorio de cómo el destino a veces nos puede jugar una mala pasada.
Igualmente, durante toda la cinta, además de ser puramente una crónica del rodaje, se intenta crear un paralelismo entre la figura de Gilliam y la del propio Quijote, ambos, dos hombres obsesionados con sus fantasías. Se nos muestra cómo, ante hechos que habrían echado para atrás a cualquier persona racional, este sigue adelante, obsesionado con terminar la película y con que todo se va a corregir sólo (el optimismo personificado). Sus más allegados dentro del equipo de rodaje intentan, cómo si de las figuras del cura y el barbero de la obra de Cervantes se trataran, de hacerle recapacitar, traerle de nuevo a la realidad y hacerle ver que el proyecto está abocado al fracaso. Sólo al final, cuando todo está perdido y sin manera de solucionarlo es cuando Gilliam “recupera la cordura” y termina aceptando la verdad, su Quijote no es viable y puede que nunca llegue a serlo.
En resúmen, un documental breve, muy ágil (se pasa volando), que puede llegar a interesar al público por lo que es en esencia, la crónica de una fatalidad dentro del mundo del cine. Muy recomendable.






Título: Hated: GG Allin & The Morder Junkies
Director: Todd Phillips
Año: 1993
Intérpretes: GG Allin, Merle Allin, Dee Dee Ramone, Unk
Calificación (sobre 10): 7

Esto es otro documental, de apenas 50 minutos de duración y estética prácticamente casera, que debería pasar a la posteridad por ser una de las crónicas más realistas y descarnadas del postureo y la excentricidad que se han visto en la historia del cine, esto es, un viaje a velocidad supersónica por la vida, obra y milagros de GG Allin, un controvertido músico punk y su banda, The Murder Junkies.
Y es que la verdad es que poco más se puede contar de ella. ¿Por qué merece la calificación que tiene? Pues porque es una colección de extravagancias protagonizadas por un personaje cuya manera de comportarse y de actuar es tan artificial que el documental completo parece una historia de ficción, un mockumentary de esos, y sin embargo es real cómo la vida misma.Y así vemos a GG Allin cagándose en el escenario y comiéndose sus propias heces, le vemos cortándose el pecho a si mismo con un cristal, golpeándose la cabeza con el micro hasta hacerse una brecha y dándose de ostias con los fans únicamente para su propio regocijo. Por si esto no fuera surrealista también somos testigos de la forma de pensar de Allin, el cuál entre otras cosas estuvo afirmando toda su vida que se iba a suicidar durante uno de sus conciertos o también que uno de los seres humanos al que mejor comprendía era John Wayne Gacy, un conocido asesino en serie al que GG visitó repetidas veces en el corredor de la muerte. Y finalmente, para echarle de comer aparte, también somos testigos de todo el ecosistema que rodea a este freak de la mano de sus compañeros de grupo (ojito a la filosofía expuesta en el monólogo del batería nudista) y de las declaraciones de un fan más o menos normal de la banda, el cuál llega a declarar que ha conocido a fans de GG cuya mayor ilusión en la vida sería que este le partiera la cara a ostias, lo que nos lleva directamente al yo conocido dicho de “¿Quién es más loco, el loco, o el que sigue al loco?”.
Vamos, que esto es un documental que entra como un tiro, no es nada pesado y que nos transporta durante 50 minutejos a un universo alternativo desconocido para la mayoría, y sin embargo real, dónde la degeneración, la excentricidad y la consumición de fluidos corporales es el pan de cada día. Por lo tanto, mola. Merece la pena verlo sólo para flipar con todo lo que ocurre en pantalla y, ¿Por qué no?, para echarse una risas.





Título: ¡Semos Peligrosos! (Uséase, Makinavaja 2)
Director: Carlos Suárez
Año: 1993
Intérpretes: Andrés Pajares (Maki), Jesús Bonilla (Popeye), Mario Pardo (Moromierda), Pedro Reyes (Pirata), Llàtzer Escarceller (Matías), Lita Claver (Manolo)
Calificación (sobre 10): 6

Bueno. Pues otra película más del Maki , que surgió a colación del éxito de la primera, y por tanto repite los esquemas utilizados en esta, es decir, una colección de sketches protagonizados por los personajes de los tiras cómicas de Ivá que, digamos, se alargan a lo largo de hora y media más o menos, enlazándose unos con otros, para que negarlo, de manera algo torpe.
Si tuviéramos que presentar un argumento para la cinta podría ser algo como lo siguiente: el Maki sale de la cárcel, se reúne con su compañero Popeye y el abuelo Matías y se pega unas vacaciones en la costa, donde vive situaciones divertidas.
Desde luego, al igual que en la primera, no se puede decir que haya una trama consolidada, pero hay que reconocer que los responsables del guión de la película aprendieron de lo visto en la primera parte y se molestaron en intentar enlazar mejor unos gags con otros, especialmente en la transición entre los fragmentos del film que transcurren en Barcelona y los que transcurren en la playita (a pesar de que al final de la peli nos encontramos de nuevo con el problema de la torpeza en la unión de los gags cuando, de repente, pasamos de encontrarnos en verano a estar en plenas fiestas navideñas, pero bueno). Las situaciones son, en su mayoría, divertidas pero monótonas, repitiendo gags ya vistos en la primera parte, siendo la mejor parte de la película aquella que transcurre en la costa, con los personajes intentando ligar con mujeres hermosas y estafando a los guiris (y que ya sólo ver a Pajares con el fardapaquete de leopardo ya es motivo de carcajada).
En cuanto al tema interpretaciones, repiten todos los de la primera, siendo Pajares y Escarceller los reyes de la fiesta (sobre todo este último, que es prácticamente el coprotagonista de la cinta, incluso por encima de Jesús Bonilla), seguidos muy de cerca por Mario Pardo y su personaje del Moromierda, al que le habrían venido muy bien algunos minutos más (aunque lo idóneo habría sido que este y el resto de la tropa del bar del Pirata se hubieran compartido espacio con Maki en los fragmentos que transcurren en la playa, es decir, lo grueso de la película).
En resúmen, Makinavaja 2 es lo mismo que la primera, mismos esquemas, mismo tipo de humor, misma calidad de las interpretaciones, y por lo tanto, a pesar de estar mejor construida y de enlazar mejor unos gags con otros, creo que sólo gustará a aquellos a los que les moló la primera.






Título: Big Bad Wolves
Directores: Aarón Exhales & Navot Papushado
Año: 2013
Intérpretes: Lior Ashkenazi (Micki), Rotem Keinan (Dror), Tzahi Grad (Gidi), Doval’e Glickman (Yoram)
Calificación (sobre 10): 7,5

Cuando oí hablar de esta película, una cinta sobre pedofilia, torturas y asesinatos de niñas, que además había cosechado buenas críticas, únicamente pretendía encontrarme algo sórdido y entretenido. Y eso es justo lo que me encontré cuando conseguí localizar uno de los pocos cines que la ha estrenado en Madrid y me metí a visionarla en una sesión intempestiva a las cuatro de la tarde (sesión que por cierto, disfrute yo sólo…una sala de 200 butacas y un solo espectador, será malo para el cine porque no ganarán pasta, pero joder, que bien se disfrutan así las pelis).
Big Bad Wolves cuenta cómo por un error humano, Dror, el principal sospechoso de una serie de asesinatos de niñas, tiene que ser liberado por la policía israelí. Este hecho provocará que un policía poco ortodoxo y el padre de la última víctima del asesino decidan secuestrar y torturar a este sospechoso con el fin de que confiese sus crímenes y revele la localización de los cadáveres de sus víctimas.
La película, con el claro objetivo de venderse en el mercado mundial, ha sido promocionada mediante unas declaraciones de Quentin Tarantino, las cuales pueden verse en el póster de la misma, que la calificaban como “La mejor película del 2013”. Y es que es normal que la haya gustado la película, porque en muchos momentos de la misma, parece que la haya dirigido él mismo. A pesar de ser una cinta israelí, la película respira cine americano de calidad por todos sus poros, en la dirección, en la fotografía, en la banda sonora, en la propia conjunción de la banda sonora con las imágenes, etc.
Se nota a kilómetros que intenta ser una película destinada a llamar la atención más allá de sus fronteras, y por si no lo consiguiera ya con su excelente acabado, añade a esto el que no se corta un pelo. Big Bad Wolves es un film sangriento, sórdido y que no tiene ningún tipo de problema en tratar sin escrúpulos temas cómo la pedofilia o la tortura a seres humanos. Por tanto, considero que es una película que puede llegar a ofender a los espectadores más sensibles, básicamente, a todos aquellos que no puedan soportar ver, cómo ocurre a escasos minutos de comenzar la cinta, el cadáver decapitado de una niña atado a una silla con alambre de espino y las bragas por los tobillos…una escena fuerte (y no de las que más de la película) sin duda, y un movimiento arriesgado por parte de sus realizadores, que les honra, y mucho.
Uno de los grandes méritos de la película es que transcurre prácticamente en su totalidad en el sótano de una casa y sus alrededores, y por tanto, al margen de las escenas de torturas, el peso de esta recae en los diálogos, que son frescos, ágiles y, en los momentos más álgidos, hasta divertidos, y digo esto porque la peli, durante su primera mitad es un thriller con unos asesinatos de por medio, pero, en el momento en que los tres personajes principales se reúnen en el sótano, esta adquiere un aroma a comedia negra (durante la cual, incluso el director tiene tiempo de hacer bromas sobre los métodos de la policía israelí o sobre el conflicto entre musulmanes y judíos en Tierra Santa), que se puede respirar en escenas cómo aquella en la que el poli y el padre de la niña muerta se juegan a cara o cruz quién empieza a romperle los dedos al sospechoso, aquella en la que la madre de uno de los protagonistas le llama al móvil y toda la mentira que se tiene que montar para evitar que se presente en la escena de la tortura, o la inclusión del que, posiblemente, sea el mejor personaje de la cinta, el abuelo de la última víctima y padre de uno de los protagonistas, que es el doble de cabrón e hijoputa que todos los demás juntos, que se presenta en la casa donde ocurren los hechos y también se une a la fiesta. Igualmente, los actores, sin ser una maravilla, se desenvuelven bastante bien en las situaciones, por otro lado, tan extremas, que les toca interpretar, y consiguen mantener, ayudados por un guión, como ya he comentado, muy bueno (que juega continuamente con la presunta culpabilidad del sospechoso sometido a torturas y con la doble moralidad que esto implica), las casi dos horas que dura la película a un nivel notable.
Por tanto, tenemos una película sórdida, violenta y atrevida, con un guión excelente, unas interpretaciones aceptables y un trabajo de dirección y fotografía digno de cualquiera de los grandes profesionales del cine americano actual. ¿Cuántas películas de la cartelera actual pueden decir eso? No tengo más que decir. Muy recomendable, aunque no sea adecuada para toda clase de público.






Título: Girls und Panzer (Garuzu ando Pantsa)
Director: Tsutomu Mizushima
Año: 2012
Producido  por: Actas
Intérpretes (Voces): Mai Fuchigami (Miho Nishizumi), Ai Kayano (Saori), Mami Ozaki (Hana Isuzu), Ikumi Nakagami (Yukari), Yuka Iguchi (Mako)
Calificación (sobre 10): 6

Nos adentramos en el peligroso terreno del anime japonés, territorio en el que un servidor está poco experimentado (no es una de mis mayores aficiones) pero que reconozco que puede llegar a enganchar a una persona más férreamente que la heroína más pura. Y de todos los animes populares que hay, ¿Cuál es el que he escogido para inaugurar este “estreno” dentro de los Visionados? Pues uno de tanques y colegialas.
Miho Nishizumi es una chiquilla joven y vivaracha pero tiene un problema serio, esta traumada por un evento de su pasado. La jovencilla llega a la academia Oaarai para señoritas buscando un único objetivo, no tener que cursar “Maniobras con Tanques Blindados”, una asignatura optativa restringida a mujeres que consiste básicamente en enfrentar a equipos rivales de chicas a cañonazo limpio usando enormes tanques acorazados de la Segunda Guerra Mundial. Dicho y hecho, Miho es obligada nada más llegar, no sólo a cursar la asignatura, sino a liderar al equipo de la academia en los campeonatos nacionales. Hará amigas, conducirá tanques, destrozará rivales,se enfrentará a su hermana, la comandante de la temible academia Kuromorimine, y encontrará su propia camino en el sensha-dô, el arte marcial de conducir tanques.
Putos japos. Son los reyes del surrealismo en estado puro. Sólo a ellos se les podía ocurrir semejante disparate de argumento, una trama semejante a la de cualquier anime deportivo pero adornada con elementos tales cómo academias femeninas enormes construidas sobre portaaviones gigantes en perpetuo movimiento, un universo que parece una mezcla entre la actualidad y los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial… y chicas con minifalda y uniforme escolar conduciendo tanques.
Vamos a dejar las cosas claras, la historia que nos cuenta Girls und Panzer es una mierda, el desarrollo y ritmo de la misma, por tanto, deja también mucho que desear.
Y sin embargo, el anime tiene algo, tiene magia, tiene esa capacidad que sólo pueden tener esta clase de productos, la habilidad de, una vez terminados, llevarte a darte cuenta de un hecho indiscutible, te has entretenido, lo has pasado bien.
Los personajes comienzan importándote una puta mierda, pero, poco a poco, según se nos va desvelando las pequeñas tragedias de cada una de las chicas (Saori quiere encontrar marido, Yukari lleva siendo un ser asocial toda su vida, Isuzu y Miho son despreciadas por sus familias, la primera por renunciar a sus raíces, la segunda, por traicionarlas,etc) acabas cogiéndoles cariño y, para el final, se acaban volviendo entrañables. Es inevitable, una vez terminado el anime, el que los jóvenes nos sintamos identificados con Mako, esa joven constantemente somnolienta y a la que la pura vagancia ha condenado a un futuro incierto dentro de la propia academia Oaarai.Y no sólo gracias a esta dosificación con cuentagotas de las historias relativas a cada personaje, sino también a las pequeñas perlas de humor repartidas a lo largo de los doce capítulos del anime se contribuye a cultivar esa empatía hacia los protagonistas, vease la relación entre Mako y Sodoko, la mujer responsable de asegurar su futuro en la academia (y sus subordinadas clonales); el vergonzoso castigo del “baile del pez linterna”  al que se somete a aquellas que fracasan en el sensha-dô; las motivaciones de las chicas de la academia para participar en las “Maniobras con Tanques Blindados, que van desde ganar el prestigio necesario para resucitar el club de voleibol a participar en el sensha-dô porque “asegura el encontrar pareja”, etc
Pero, sin duda, los tres mayores logros del anime son el diseño de las animaciones, la banda sonora y, asociado a ambos, la concepción y el diseño de los equipos rivales.
La calidad de la animación es cojonuda, ya no sólo por el dibujo, muy suave y agradable, sino por el tratamiento del color y, especialmente, por el diseño de los tanques y las batallas, donde se nota, para bien, el uso del ordenador. De hecho, el anime comienza con una escena de una escaramuza entre equipos rivales rodada en la perspectiva de primera persona que es toda una declaración de intenciones en cuanto a lo que animación se refiere, además de uno de los mejores momentos de todo el anime.
Pero sin duda lo más brillante es la genialidad de aquel al que se le ocurrió idear las características de cada uno de los equipos rivales. Cada una de las academias femeninas que se enfrentan a las protagonistas representan a cada uno de los contendientes de la Segunda Guerra Mundial, pero además descarada e intencionadamente. Colegialas con indumentarias y estética americana, italiana, británica, alemana y soviética desfilan por la pantalla a la vez que los guionistas procuran que cada uno de los equipos encarne los estereotipos y tópicos asociados a cada una de estas nacionalidades. Así, las estudiantes británicas están en todo momento con una taza de té en la mano; las americanas son unas excéntricas, unas rastreras que usan técnicas de espionaje y, al ser las que más pasta tienen, son también el equipo que más tanques tiene; las alemanas, obsesionadas por el orden y la diligencia del mundo militar; y las soviéticas, prepotentes como ellas solas.
Pero la cosa no acaba aquí, ya que a todo esto va asociado el tema de la banda sonora. Esta es pegadiza, alegre y festiva desde su tema principal (y yo soy un defensor de que un buen anime tiene que llamar la atención del espectador desde el principio con un opening vistoso y que quede fijado en la retina del mismo) hasta la canción que suena en los créditos, pero es que además, a algún otro genio responsable de la banda sonora se le ocurrió que cada escuela debería tener un tema musical para las batallas ¿Y qué tipo de música podría ser la más adecuada para un producto de este tipo? Pues una basada en marchas militares y canciones tradicionales de la época de la Segunda Guerra Mundial. Así, las británicas entran en acción al ritmo de The British Grenadiers, las americanas tienen el ultraconocido Battle Hymn of the Republic, las soviéticas, la también mítica Katyusha, y el delirio llega cuando ves a las colegialas alemanas formando escuadrones de tanques y cargando contra el enemigo al compás de Panzerlied, el himno de las tropas acorazadas alemanas en los tiempos del führer.
Resumiendo en pocas palabras. Girls und Panzer es un anime entrañable y simpático, pero con una historia de mierda y un punto de partida que rezuma surrealismo por todas partes, de manera que sólo se podrá disfrutar de verdad si el espectador se centra y desconecta el sentido de la lógica de su cerebro. Dicho queda. ¡¡Panzer vor!! 






Título: Corpse Party: Tortured Souls
Director: Akira Iwanaga
Año: 2013
Producido por: Asread, Mages
Intérpretes (voces): Shimono Hiro (Satoshi Moshida), Eri Kitamura (Yuca Mochida), Rina Satou (Naomi Nakashima), Ikue Ootani (Sachiko), Tetsuya Kakihara (Morishige), Satomi Arai (Seiko)
Calificación (sobre 10): 3,5

Putos japos…pueden ser capaces de hacer las cosas más épicas y fantabulosas, las más surrealistas y descojonantes y también, las mierdas más infectas de la Tierra, categoría a la cual pertenece, por cierto, Corpse Party: Tortured Souls.
Bueno esto de que va...pues un grupo de chavales, la hermana pequeña de uno de ellos y una profe de su instituto hacen un hechizo de amistad perpetua, pero este sale mal y acaban transportados a una escuela maldita donde los fantasmas de los muertos les persiguen para masacrarles, por lo que no tendrán otra que intentar escapar de allí.
Osease un anime de terror que cause cero pánico en el espectador, cosa que se nota desde el propio opening, que parece una puta canción de Nightwish. A pesar de ser super breve, durando únicamente cuatro capítulos, los realizadores de este cacho de mierda demuestran no tener ni puta idea de mantener la tensión o el suspense en el espectador o de construir una trama con un ritmo que mantenga al mismo enganchado de principio a fin. La mitad del anime es un puto coñazo en la que los chavales caminan por pasillos, encontrándose fantasmas y muriendo si es que les toca, y la trama avanza a duras penas para resolverse prácticamente en su totalidad en el último capítulo, con lo cual se puede decir que los tres anteriores son en su mayor parte relleno. Por tanto, cero interés en la historia que nos cuentan.
Nula capacidad también de desarrollar unos personajes adecuadamente, de hecho, el anime viene acompañado de un episodio complementario de 20 minutos en el que se profundiza más en las relaciones entre los personajes que en los otros cuatro capítulos juntos (y en el cual aprovechan también para meternos a dos chiquillas frotándose las tetas entre sí y a una niña de 13 añitos desnuda en la bañera, con lo cual además completamos nuestra dosis de ese fenómeno tan repugnante como legalmente cuestionable cómo es la inclusión de menores de edad en actitudes eróticas en la animación japonesa…¡Viva el país del Sol Naciente!). De esta manera podemos decir que, si no fuera porque nos dejan claro en el anime que son amigos de toda la vida, podríamos creernos que los personajes de Corpse Party: Tortured Souls se conocen por primera vez en el momento en que el primer episodio da comienzo.Así de impersonales y vacíos de sentimientos son estos. No son más que pura carnaza.
Eso sí, a demostraciones de que ellos son los que más cojones tienen de la Tierra, nadie gana a los japoneses, y aquí nos lo demuestran metiéndonos unas cantidades de sangre y tripas desmedidas en cada una de las muertes que se suceden, además de matar, no a uno ni a dos, sino a casi una decena de niños a lo largo de su duración, mostrándonos explícitamente como les acuchillan los ojos y les cortan las lenguas, cosa que disfrutarán las personas que, cómo un servidor, son amantes de la casquería más burra.
En resúmen, Corpse Party: Tortured Souls es una mierda pinchada en un palo, aburrido, vacío de personalidad y casi, casi, de cualquier cosa que hace que algo sea entretenido. Eso sí, las escenas de gore son crueles, sangrientas y explícitas, por lo que si te saltas el grueso del metraje y vas directamente a estas, igual puedes sacar algo de provecho de su visionado. De otra manera, no lo harás.





Título: Arrow (Season 2)
Emitido por: The CW (2013-2014)
Intérpretes: Stephen Amell (Oliver Queen/ Arrow), Katie Cassidy (Laurel Lance), Willa Holland (Thea Queen), David Ramsey (John Diggle), Emily Bett Rickards (Felicity Smoak), Colton Haynes (Roy Harper),Susanna Thompson (Moira Queen),Paul Blackthorne (Quentin Lance), Caity Lotz (El Canario), Manu Bennett (Slade Wilson), Summer Glau (Isabel Rochev)
Calificación (sobre 10): 9

NOTA: Spoilers de la Primera Temporada de Arrow. Cuidado al leer.

Arrow fue uno de los mayores pelotazos de la televisión americana del año pasado sin ninguna duda. Era la primera vez en mucho tiempo que se ofertaba al público una serie de superhéroes seria y centrada al cien por cien en adaptar el cómic original, algo por otra parte, nada de extrañar en los tiempos que corren, en los que el género de superhéroes es más taquillero y está más de moda que nunca. Y sin embargo, a pesar de sus buenas intenciones, la serie tenía sus fallos, los actores no eran precisamente los mejores del gremio y la serie, capítulo tras capítulo llegó a estancarse en la rutina y empezaba a resultar monótona. Aun así, al igual que en cualquier arco argumental de presentación de un serie de cómic nueva, los responsables de esta primera temporada demostraron que esta había sido nada más y nada menos que una prueba, une experimento para comprobar como podía calar una serie de este tipo entre el público, atando todos los cabos sueltos y cerrando todas las tramas abiertas en un fantástico cierre de temporada con su consiguiente cliffhanger Una vez comprobado el éxito, las cabezas pensantes de Arroz se sentaron a planificar el siguiente paso y llevaron a cabo lo que toda serie debería tener, una potenciación de sus virtudes y una reducción de sus defectos. El resultado, una segunda temporada que ya se ha convertido en más que una serie buena y entretenida…es ya historia viva de la televisión.
El final de la primera temporada nos dejó a una Starling City devastada por las consecuencias de la malvada estratagema de Malcolm Merlyn y a un Oliver Queen destrozado por la muerte de su amigo de toda la vida Tommy.
Ahora, unos meses después de estos hechos, Oliver vuelve a la ciudad para enfrentarse a sus demonios y a una familia rota de la mejor forma que sabe, retomando el hábito de Arrow, pero ya no cómo justiciero sin piedad, sino cómo héroe en toda su plenitud. Y así, mientras este se enfrenta a sus propios problemas, en Starling City aparecen nuevos héroes enmascarados en las calles, vuelven viejas amenazas y surgen nuevos peligros que, para más inri, parecen estar relacionados con el pasado de Oliver.
Mientras tanto, en los flashbacks en la isla de Lian-Yu, Oliver, Shado y Slade, tras haber superado con éxito el enfrentamiento contra las tropas de Fyers al final de la primera temporada, apenas tienen tiempo para relajarse cuando tienen que hacer frente a una nueva amenza, la llegada de un barco cargado de mercenarios comandados por el Profesor Ivo, un científico consagrado a la búsqueda de un antiguo experimento japonés que fue abandonado durante la Segunda Guerra Mundial en dicha isla.
Así, en un primer momento, tenemos un planteamiento comiquero y clásico a más no poder, el del héroe que se replantea sus propios principios, que siempre quiere ser mejor persona, a pesar de que sea un ser humano ejemplar si se le compara con el común de los mortales. Sin embargo, a diferencia de en la primera temporada, en la que el conflicto interno del héroe era estirado cómo un chicle a lo largo de toda su duración, esta situación dura lo justo y lo necesario, y es entonces, concretamente en el noveno capítulo, donde un giro de los acontecimientos totalmente inesperado transforma la serie en un producto de acción puro y duro, una carrera contrarreloj para evitar una serie de eventos que suponen una amenaza aún mayor que la mostrada por Malcolm Merlyn al final de la primera temporada. Pero no sólo a base de acción, ritmo vertiginoso y piruetas del guión sobrevive la serie a partir de dicho momento, sino que también guarda pequeños momentos para centrarse en cómo cada uno de sus personajes afronta sus errores pasados, tanto Oliver, en una trama que pasa a estar íntimamente unida a la de los flashbacks en la isla; cómo Moira Queen, a causa de su participación en los desastrosos eventos que prácticamente llevaron a Starling City a su destrucción; Roy, cuya obsesión con el vigilante enmascarado a punto estuvo de costarle su relación con Thea, obsesión que parece reanimada a raíz de los hechos que transcurren a partir del capítulo noveno; Felicity, que se siente poco menos que un lastre para el grupo; Diggle, al que sus vivencias en la guerra y la muerte de su hermano siguen persiguiendo incluso muchos años después de que sucedieran; Laurel, a la que la muerte de Tommy, y su creencia en que no pudo salvarlo, le acaba arrastrando a un alcoholismo y a seguir los pasos de su padre como antagonista de Arrow dentro del sistema legal; e incluso el propio detective Lance, quién empieza a afrontar que quizá la imagen que tenía del vigilante no era la correcta, y que puede que todo este tiempo haya estado persiguiendo a quien no debía. Por tanto tenemos una trama bien construida, con un ritmo que te cagas, surtida cada dos por tres de giros de guión que mantienen la atención del espectador y un desarrollo de los personajes mucho más importante que el sufrido durante la primera temporada (y qué, cómo si esto fuera Juego de Tronos, nos hace temer por las vidas de todos y cada uno de ellos), ¿Qué es lo queda para lograr la serie de superhéroes casi perfecta? Pues contentar al espectador friki de turno, cosa que los responsables de la serie hacen de la forma que mejor saben hacer, introduciendo todos los personajes procedentes de los cómics que el guión puede soportar. Así, a lo largo de los 23 capítulos de los que consta la segunda temporada, asistimos a todo un desfile de referencias comiqueras, entre las que se cuentan los regresos de Deadshot, China White, la Cazadora y el Conde Vértigo, y la introducción de nuevos personajes como el Rey Reloj, Solomon Grundy, Bronze Tiger, la Liga de los Asesinos, el Muñequero, el Hermano Sangre o, mi favorita personalmente, Amanda Waller y su Escuadrón Suicida, que, seguramente, van a dar mucho que hablar en futuras temporadas, si es que no acaban recibiendo serie propia.
Pero, de entre todas estas referencias comiqueras, sobresalen, por su importancia capital en esta temporada, dos: la introducción de Canario Negro y la de Barry Allen.
Hablar sobre la participación del Canario en esta temporada sería cuajar esta reseña de spoilers gordos como puños, por lo que me limitaré a comentar que nos lo presentan en un inicio como un nuevo enmascarado que surge en las calles para hacerle la competencia a Oliver, para, a mitad de la serie, darnos un vuelco completo a sus motivaciones y comportamientos  (entre los cuales se incluye un posible bisexualismo), y pasar a ser lo que es en los cómics, un sidekick del vigilante. En cuanto a Barry Allen, su intervención se limita a un capítulo, pero es una participación de importancia superlativa por la sencilla razón de que la próxima vez que lo veamos en la pequeña pantalla irá provisto de un traje rojo, unas alitas en su cabeza y el símbolo del rayo en el pecho, pues estamos ni más ni menos, que ante la presentación del actor que va a encarnar a Flash, es decir, uno de los pilares fundamentales del universo DC, en su propia serie de próximo estreno (y esto no es ningún secreto).
Pero no sólo en lo referente a guión y desarrollo de la trama han mejorado los responsables de la serie, sino también en lo referente a dirección (las secuencias de acción, especialmente las que acontecen en los últimos tres capítulos de la temporada, pueden presumir de superar con creces a muchas películas de superhéroes con presupuestos millonarios en cuánto al nivel de pulso en la cámara, ritmo de las peleas y coreografía de las mismas) y, sobre todo, en interpretaciones, que sin ser merecedoras de un Emmy (de hecho, actrices cómo la que interpreta a Felicity o la que encarna a Shado, dan más lástima que otra cosa), si resultan correctas y no llegan a molestar, cosa que encaja perfectamente con el espíritu de la serie, pues estamos ante una serie de temática superheroica, en la que la acción y la trama tienen prioridad sobre la calidad  de los intérpretes, y no ante una serie seria y profunda de verdad cómo las superproducciones de la HBO.
Stephen Amell, Katie Cassidy y Colton Haynes mejoran con creces sus interpretaciones, se muestran mucho más cómodos y se desenvuelven mucho mejor que en la primera temporada, pero una vez más, se ven superados por otros personajes menos principales. Seth Gabel, interpretando una vez más al Conde Vértigo, nos da una lección en apenas 50 minutos de cómo componer un villano histriónico comiquero clásico en un papel en el que podemos ver trazas de lo que fue el Joker de Heath Ledger en El Caballero Oscuro. Caity Lotz demuestra cómo debería ser presentada una justiciera femenina, ya sea en la pequeña o en la gran pantalla, es decir, agresiva, fiera, ágil, con alguna que otra punchline memorable, un traje ajustado y un par de tetas bien puestas, pero sin llegar a extremos exagerados. Pero si hay alguien que merece el respeto y la devoción de los espectadores por su papel en esta segunda temporada es Manu Bennett, quién nos deja acojonados con su interpretación de Slade Wilson, uno de los personajes que más evoluciona durante esta segunda temporada, y que se convierte en una de las interpretaciones  más imponentes y salvajes que he podido disfrutar en todos los años que llevo viendo series de televisión.
En resúmen, la segunda temporada de Arrow tiene todos los ingredientes necesarios para componer, ya no sólo una buena serie, sino cualquier producto audiovisual de temática superheroica, y esto es, una buena historia, un buen ritmo en la sucesión de los hechos, giros de guión sorprendentes, secuencias de acción trepidantes, buena caracterización de los personajes, todo un cúmulo de referencias a los cómics originales e interpretaciones que, si bien son mejorables, no molestan en ningún momento. Por ello, me atrevo a decir una vez más, que en esta ocasión, si se ha logrado. Arrow, ha hecho historia de la televisión. Se ha convertido en un ejemplo a seguir, ya no sólo por todos aquellos que alguna vez quieran adaptar un cómic, sea al cine o a la televisión, sino cómo la prueba definitiva de que los errores se pueden corregir y el producto se puede mejorar contentando a realizadores y público por igual.
Mis respetos a los responsables. Un trabajo sobresaliente.




Título: Asesinato en 8 mm (8 MM)
Título en Latinoamérica: 8 Milímetros
Título en Serbia: 8 Milimetara
Director: Joel Schumacher
Año: 1999
Intérpretes: Nicolas Cage (Tom Welles), Joaquin Phoenix (Max California), James Gandolfini (Eddie Poole), Peter Stormare (Dino Velvet), Anthony Heald (Longdale), Catherine Keener ( Amy Welles), Chris Bauer (Máquina)
Calificación (sobre 10): 7

Una de esas películas de aquella época pasada en la que Nicolas Cage era todavía, si no un actor bueno o versátil, un actor solvente, de aquella reducida casta de nombres que te podían salvar el culo en cualquier situación en la que necesitaras una de ellos para tu película. A aquella etapa pertenecen films como Cara a Cara, Con-Air, La Roca o esta Asesinato en 8 mm en la que Nicolás interpreta a un detective privado que es contratado por la viuda de un millonario para que determine si una supuesta película snuff que este poseía es auténtica o no, para lo cual se tendrá que infiltrar en los ambientes más sórdidos del inframundo pornográfico americano.
Más allá de las interpretaciones, entre las que destaca especialmente un Joaquin Phoenix interpretando a un dependiente de un sex-shop que empezaba a asomar la cabeza en Hollywood, y los aspectos técnicos (de hecho, el aspecto general de la película es prácticamente de telefilm), la película destacada más por lo que enseña de tapadillo que por lo que ofrece. De esta manera, el retrato de esos mercados de venta de pornografía en sótanos y garajes, esos sitios tan sucios en los que podías encontrar desde sadomaso hasta, si tenías la desgracia, pornografía infantil, que ya quedan tan lejanos, vestigios de una época en la que Internet aún no había despuntado y cualquier cosa que quisieras tener, hasta la más ruin y repugnante, debía ser adquirida en formato físico; resulta de lo más efectivo, al igual que los breves momentos en los que vemos esa “Agencia de casting”, prueba también de cómo Hollywood puede ser una fábrica de pesadillas tanto cómo de sueños.
Y así, entre tanta mierda y tanta ruindad humana, es normal que los personajes de la cinta se vean afectados. De esta manera, el espectador, más que de un thriller tensa y vibrante (que lo es en algunos momentos), es testigo de un descenso hacia la oscuridad del personaje de Nicolas Cage conforme este se va introduciendo en ese mundo sórdido en el que se desarrolla la historia. Desde el de hombre de familia, amante de la tranquilidad y el buen dinero, pasando por el de el inocente que se topa de bruces con la cruda realidad, hasta, finalmente, el de aquel que decide enfrentarse a toda esa maldad, momentos en los cuales, el personaje de Nicolas Cage, se parece más a la figura del Castigador de la Marvel que muchos otros justicieros pertenecientes a películas rodadas precisamente con esa intención. A todo esto se suma esa reflexión final que nos deja la cinta, la de que cualquier persona, incluso aquella más sencilla o de aspecto más común, o incluso aquella más cariñosa, puede llevar dentro un monstruo ansiando salir a alimentarse.
En resúmen, una película que no destaca por sus interpretaciones, ni por su estilo, ni por la trama que desarrolla, sino por aquello que nos muestra, por abrirnos una puerta a un universo semi-oculto para el común de los mortales, un mundo siniestro y repugnante, y sin embargo, tan real cómo la vida misma. Y que esto cale en el público sólo sirve para ratificar una realidad innegable a día de hoy: el ser humano es morboso por naturaleza, y lo que causa morbo y desagrada, en el fondo atrae y vende.







Título: Hércules (2014)
Título en Serbia: Herkul
Director: Brett Ratner
Intérpretes: Dwayne Johnson (Hércules), John Hurt (Rey Cotis), Joseph Fiennes (Rey Euristeo), Rufus Sewell (Autolycus), Ian McShane (Anfiarao)
Calificación (sobre 10): 4,5

Hércules es un caricato, una burda parodia de sí mismo. Ni es hijo de Zeus ni ostias, simplemente un cenutrio hipermusculado que da ostias como panes que vive alimentando su propia historia con esta clase de mitos, con el fin de asegurar la disponibilidad y ser reconocido allá por dónde pasa. La  pena es que el rey de Tracia está atrapado en una guerra civil y su ejercicio es poco menos que un grupo de inútiles, así que, ¿Qué mejor entrenador para dichas tropas que el hijo de Zeus? Así, dicho y hecho, Hércules pondrá rumbo a Tracia, donde vivirá una experiencia que le enseñará la diferencia entre lo que significa ser un hombre, y lo que significa ser un mito.
Empezando por que nos venden una historia que parece que va a retomar el concepto del Hércules mítico para después mostrarnos luego esto, continuando con una historia mil veces contada y un ritmo que resulta un coñazo, y terminando con un plantel de actores que, en su mayoría, dan más vergüenza que otra cosa, resulta que las expectativas que uno podía poner en este nuevo Hércules se acaban esfumando a la velocidad de la luz cuando uno se sienta delante de la pantalla.
En primer lugar, hay que decir que Dwayne Jonson (The Rock para los amigos) se ha puesto tan monstruosamente fuerte y grande (ignoro si el Anabol habrá tenido algo que ver con ello) que te crees que perfectamente pueda ser el Hércules de la leyenda, vamos, que tiene presencia en la gran pantalla e impone lo mismo que el Swarchenegger de los tiempos de Conan el Bárbaro,osease, un maromo que da ostias como panes, sabe moverse en las escenas de acción y no es necesario que sepa actuar como un intérprete digno de Óscar.
Pero una cosa es llevar a cabo una interpretación mediocre, y otra cosa es causar vergüenza ajena, y de esto último tenemos para dar y repartir. Joseph Fiennes sale cinco minutos y, ya sólo con tan poco tiempo en pantalla, te hace desear el tener el poder de meterte dentro de la propia película para retorcerle el pescuezo. John Hurt tiene un papel más largo, pero da más pena que otra cosa. En sus ojos vidriosos y grises se contempla toda una vida de sufrimiento y penurias, propia de un actor que ya hace años que dejó de conocer sus mejores tiempos, que ya está con un pie en la tumba y que debería retirarse ya por su propio bien y dignidad. Sobre el cameo de Irina Shayk (la novia de Cristiano Ronaldo) sólo diré que sale dos minutos, enseña el culete y se va, pero aún así consigue ella solita ocupar la mitad del póster, que no se note que dos tetas tiran más que dos carretas.
Desde luego, el mejor actor de la película de calle, es el irregular pero siempre solvente Ian McShane, que aquí interpreta al mejor personaje de la película, una especie de místico que afirma haber predicho su propia muerte y, por tanto, le echa más cojones que nadie en las batallas, pues cree tener la seguridad de que “no le ha llegado su hora todavía”.
En cuento al resto de aspectos la película, podemos enumerar, una dirección llevada a cabo por un mercenario (en este caso, el señor Brett Ranner), unas acciones bastante pobremente ejecutadas, unos efectos especiales bastante dignos para lo que tenemos entre manos y una banda sonora que no es más que un refrito de la música de todas las películas épicas de los últimos diez años.
Aun así, la peli resulta entretenida, aún salvando sus muchas taras, y podría ser un complemento perfecto para pasar el tiempo una tarde domingo. Ahora, ni de puta coña merece la pena un mísero duro por ella, sea en cine, sea en formato doméstico.






Título: El Increíble Burt Wonderstone (The Incredible Burt Wonderstone)
Título en Serbia: Neverovatni Bert Vonderstoun
Director: Don Scardino
Año: 2013
Intérpretes: Steve Carell (Burt Wonderstone), Steve Buscemi (Anton Marvelton), Jim Carrey (Steve Gray), Olivia Wilde (Jane), James Gandolfini (Doug Munny), Alan Arkin (Rance Holloway)
Calificación (sobre 10): 6

He aquí una comedia perteneciente a ese género de comedias, cada vez más escaso, en el que la escatología y los chistes de pollas y sexo quedan a un lado para dejar paso a un humor más blanco y, por qué negarlo, más satisfactorio y agradable a largo plazo.
Burt Wonderstone y Anton Marbleton son amigos de toda la vida y, a la vez, una de las parejas de magos más exitosas de Las Vegas. Sin embargo, cuando comienza a despuntar un nuevo mago callejero y Burt se niega a renovarse o morir, acaba condenado al ostracismo y a una situación de penuria y miseria de la que tendrá que salir de cualquier manera.
La película, todo hay que decirlo, cuenta con un talento sobresaliente del humor cómo es Steve Carrell, que se lleva al espectador para su terreno él solito, aunque para ello cuente con la ayuda de un Steve Buscemi con un peluquín y una perilla falsa que ya causa la risa sólo con verla y un Jim Carrey, muy pero que muy controlado para lo que es él (aunque el desenlace de la historia de su personaje nos devuelve al Jim Carrey más loco de la forma más despollante posible). A este trío se une, de forma más anecdótica que otra cosa, la hermosa Olivia Wilde (la doctora Trece de House), que básicamente permite que la película no sea un bosque de rabos y que el género femenino tenga algo de protagonismo.
En general, es una película que pienso que está hecha para gustar, el humor es muy blanco, muy “para todos los públicos” y, en muchos casos, se apoya mucho en la complicidad entre el actor y el gag (por ejemplo, hay bromas que  únicamente funcionan por el hecho de que Steve Buscemi es feo cómo un puto lagarto del desierto); las interpretaciones son buenas para lo que exige la película y esta dura poco más de 90 minutos, por lo que se pasa volando, y más aún, cuando nos paramos a pensar en que, de hecho, la trama tampoco es nada del otro mundo (la clásica historia de caída y redención tan propio de Hollywood).
Y poco más se puede decir, salvo que mola un puñado tanto el hecho de que se describa a la magia como “el arte de seducir a la gente” cómo la canción de “Abracadabra” que meten los protagonistas durante su actuación. La verdad es que prácticamente todas las comedias americanas tienen bastante poco que comentar, simplemente con que hagan reír en un par de momentos ya suelen resultar entretenidas.
Muy buena o muy mala tiene que ser para que se pueda escribir una reseña extensa.





Título: Little Nicky
Título en Latinoamérica: El Hijo del Diablo
Título en Serbia: Mali Niki
Director: Steven Brill
Intérpretes: Adam Sandler (Nicky), Harvey Keitel (Diablo), Patricia Arquette (Valerie), Tommy "Tiny" Lister (Cassius), Rhys Ifans (Adrian), Reese Whiterspoon (Holly)
Calificación (sobre 10): 1

Ostia puta, que jodido horror.
Si hace unas pocas líneas comentábamos que con que una comedia americana con poco que hiciera reír bastaba para convertirla en una buena, o como mínimo entretenida cinta, aquí hablamos de la otra cara de la moneda, esas películas que se presentan como comedia pero que no hacen ni puta gracia en ningún momento. Y la verdad, tras haberla visto, creo sinceramente que uno de los mejores ejemplos de esta situación es Little Nicky.
La película gira en torno al diablo y sus hijos, los cuales quieren heredar el trono del infierno, pero, cómo su padre se lo niega, deciden ir a la Tierra y convertirla en su infierno particular, o al menos eso hacen Cassius y Adrian, porque Nicky, el tercer hijo del diablo, que no tiene ningún interés en esta clase de planes, recibe otro cometido de parte de su padre, viajar también a la Tierra pero para devolver a sus hermanos al infierno.
Adam Sandler habrá hecho películas mejores o peores, pero desde luego Little Nicky es la obra de un retrasado mental. Argumento idiota, personajes patéticos, interpretaciones merecedoras de una cadena perpetua y unos malamente llamados gags que no son más que completas subnormaladas. Desde el primer gag con Jon Lovitz en plan voyeur hasta el cameo de Tarantino, que da más pena que otra cosa, pasando por la infame coña, que se repite varias veces a lo largo de la película, del Pollo Popeye (que dicho sea de paso, ignoro cómo será en versión original, pero no me extrañaría en absoluto que fuera algo que se hubieran inventado los dobladores en pleno proceso de doblaje de lo mala que es la broma).
En lo referente al tema actores, esta es sin duda una de esas películas que deberían mostrar en los cursos de cine cómo el ejemplo perfecto de cómo NO escoger y coordinar un casting adecuado para una comedia. Adam Sandler se muestra como digno deudor del Jim Carrey más histriónico y desatado, con un perpetuo careto de idiota perdido, más cercano al ictus cerebral que al de una mueca que pudiera parecer simpática; por otro lado tenemos a la pobre Patricia Arquette y al señor Rhys Ifans, dos pobres seres humanos a los que alguien un día, equivocadamente, les debió decir que tenían talento para la interpretación, cuando lo que demuestran en películas cómo esta es que dan más lástima que un cachorro de husky apaleado; Harvey Keitel debió de sufrir amenazas de muerte de parte de los productores para que se planteara siquiera salir en esta película y el resultado es que, ya no sólo es que haga un personaje lamentable interpretándolo de forma igualmente lamentable, sino que lo hace de una forma tan desganada y sudando de todo que parece que en lugar de billetes estuviera cobrando en chicles de melón por su papel; y finalmente, para rematar esta menestra de interpretaciones mierdosas, tenemos a una Reese Whiterspoon haciendo de ángel celestial a la que dan ganas de ahogarla en un cubo de lejía para acabar de una vez con la vergüenza ajena que provoca la pobre.
En resúmen, Little Nicky es un aborto salido del infierno. Una comedia sin buenos actores, sin buenos gags, sin buena historia, sin buenos personajes y sin ningún talento que jamás debió haber visto la luz.
No hace ni puta gracia y le doy un 1 porque le meten una piña por el culo a Hitler en un momento de la peli, con lo cual demuestran estar en contra del nazismo, que es un rasgo propio de las buenas personas y absuelve a los realizadores de esta película de la acusación de crímenes contra la humanidad que sin duda hubieran merecido. PUTÍSIMA MIERDA.


lunes, 3 de febrero de 2014

VISIONADOS DE ENERO DE 2014: El mes de la Cuesta y el llanto

Canta, gordito, canta:



Bien. Año Nuevo, Visionado Nuevo, no digáis que no lo avisé.
Ahora, después de Diciembre, las fiestas navideñas y todo el júbilo y la alegría llega Enero, ese mes tan simpático en el que todos os ponéis a llorar y a quejaros de todo como parte de ese fenómeno al que llamamos "La Cuesta de Enero". Es en estos momentos cuando empezaréis a lamentaros cuestionándoos cosas como por qué no follastéis en Nochevieja, si merecía la pena gastarse tanto dinero en langostinos y crustáceos varios o porque despilfarrastéis 120 pavos en un vestido para salir de noche a cazar hombres para luego daros cuenta de que os hacía veros gordas. Quejas y llantos, eso es lo que se oye en multitud de hogares españoles en estas fechas, y en el fondo, sabéis que nos lo merecemos, porque gracias a cosicas cómo construir una armada "Invencible" y mandarla a la aventura (lo que recuerdo, provocó que hoy en día carezcamos de un cachito de territorio peninsular llamado Gibraltar) o que por decisión del pueblo saliera elegido el PP en las últimas elecciones (pueblo que ahora mismo está a un pasito de clavar las cabezas de Rajoy y compañía en picas como hicieron Les Enfants de la Patrie allá por el 1789 con sus gobernantes) es por lo que hoy en día España está al borde del fracaso y la ruina más absoluta. Llamadme extremis, fascista o alpinista, pensad lo que queráis e insultadme todo cuanto podáis (por favor, os incito a ello, la casilla de comentarios está vacía desde hace mucho), me da igual, porque yo sé que en el fondo sólo soy un sucio borracho al que hace tiempo que las mujeres y la felicidad dejaron de importarle y que se permite seguir viviendo un día más porque me quedan aún películas por ver (cada vez menos) y cómics por comprar y leer, aunque ya os aviso que el día que se extingan los cines y Marvel y DC se vayan a la ruina encontrarán mi cuerpo colgado de una viga o en el fondo de un pozo, todo sea dicho.
Pero basta de hablar del futuro, y vamos a comentar unas mugrientas pelis.


Título: Los Ríos de Color Púrpura (Les Rivières Pourpres)
Título en Serbia: Purpurne Reke
Director: Mathieu Kassovitz
Año: 2000
Intérpretes: Jean Reno (Pierre Niemans), Vincent Cassel (Max Kerkerian), Nadia Fares (Fanny)
Calificación (sobre 10): 6,5

Película francesa de policías es lo que tenemos aquí. Comienza siendo un thriller y acaba siendo una mezcla entre esto y una buddy movie protagonizada por Jean Reno (el actor francés que todo el mundo conoce) y Vincent Cassel (el segundo actor francés que todo el mundo conoce).
La cosa es que en un pueblo de las montañas francesas (allá por donde Schumacher se cascó el cráneo) aparece un universitario muerto con signos de tortura. En otro pueblo a 200 km, una tumba es profanada. Los dos policías encargados de los casos verán como sus caminos se cruzan mientras persiguen a un asesino que va dejando pistas en sus crímenes, los cuales parecen tener relación con algún tipo de conspiración oculta.
Normalmente este tipo de películas policiacas, con asesinos grotescos de por medio y tal suelen llegar fácilmente al aprobado con tal de que sepan mantener la atención del espectador y su interés durante todo el tiempo que dure esta, sin embargo, sitúo a Los Ríos de Color Púrpura un poquito por encima de este aprobado, sin que esta llegue a ser un producto verdaderamente notable. ¿Por qué? Pues evidentemente porque tiene cosas buenas y malas.
¿Cosas buenas? El aire malrollero de la película, que se respira gracias a detalles como esos cadáveres sin ojos ni manos, la monja ciega esa que vive a oscuras y aparece en un momento al principio de la peli, los escenarios en cementerios y demás lugares siniestros, la facultad universitaria esa que parece una puta secta, etc. Además, sin llegar a ser gran cosa, las interpretaciones de los protagonistas resultan, como mínimo, creíbles, especialmente en lo referente a como va evolucionando la relación entre ambos personajes, un policía profesional y chapado a la antigua (Reno), y un poli novato y malhablado que hasta fuma canutos y todo (Cassel). Vamos, ese tipo de química que hemos visto tantas veces (en películas como Seven o Arma Letal mismamente) y que tan bien funciona.
¿Cosas malas? Empezando por el final, que de tan brusco que es y tan de golpe que llega te deja más desorientado que una pedrada en la cabeza (a pesar de que todo el trasfondo que hay detrás de este mola bastante); y acabando por la inclusión de momentos completamente absurdos y fuera de lugar. Ejemplo: Cassel llega, investigando el caso, a un club de nazis dispuesto a interrogarlos. Los skinheads, como buenos skins que son enseguida le saltan al cuello y empiezan a decirle que le van arrancar la cabeza y demás lindezas, así que el poli, ni corto ni perezoso, deja la pistola y la placa de lado, mientras el espectador asiste al inicio de un combate de artes marciales en el que tanto Cassel como las versiones adolescentes de Goebbels y Göering se convierten en unos Jet Li y Jackie Chan de baratillo, todo ello animado con música de videojuego a lo Street Fighter.
Por sus defectos y sus virtudes la peli tiene la calficiación que le corresponde, pero aún así es una película bastante entretenida, que consigue enganchar al espectador desde el primer momento. Perfecta para pasar una tarde viéndola si la ponen por la tele, lo cual por cierto, suele ocurrir a menudo, al menos en la televisión de este país.






                                          
Título: Los Ríos de Color Púrpura 2: Los Ángeles del Apocalipsis (Les Rivières Pourpres II: Les Anges De L'Apocalypse)
Director: Olivier Dahan
Año: 2004
Intérpretes: Jean Reno (Pierre Niemans), Benoit Magimel (Reda), Camille Natta (Marie), Christopher Lee (Heinrich Von Garten)
Calificación (sobre 10): 5

La secuela de Los Ríos de Color Púrpura (aunque los ríos de color púrpura ya no pinten nada en la trama de la misma) supuso una repetición del modelo mezcla de thriller con tintes conspiranoicos y buddy movie que tan bien funcionó en la primera parte, pero ensuciada por el malhacer de un director incompetente y un guión que perfectamente podría tener un mejor uso como leña para el invierno.
De nuevo tenemos dos casos, inconexos en un principio que luego se conectan en un caso mayor. Por un lado, descubren un muerto emparedado en una abadía en medio de un páramo francés, mientras que en otro pueblo aparece un señor con aspecto de Jesucristo con un tiro en el hombro y delirando por las calles. Niemans se unirá a un antiguo alumno suyo para desentrañar el misterio concerniente a una serie de crímenes con tintes religiosos.
De nuevo tenemos a Jean Reno, que básicamente repite el mismo papel que en la primera, pero no a Vincent Cassel, el cual supongo se leyó el guión y tomó la sabia decisión de poner pies en polvorosa). En su lugar, tenemos a una especie de sustituto bastante soso y vulgar y a una muchachilla que pinta más bien poco en la trama, que interpreta a una asesora experta en religiones que ayudará a los protas a resolver el caso (traducción: les dará dos pistas en dos momentos clave de la película), y además, tenemos por ahí a Cristopher Lee, que siempre resulta un actor carismático y agradable de ver en acción.
La película entretiene bastante menos que su predecesora, y la verdad, te hace perder progresivamente el interés en ella de manera que a duras penas llegas al final con otra pretensión que no sea la de que aparezcan los títulos de créditos. Y es que es tal la cantidad de idas de olla que tiene la trama que estas le quitan toda atisbo de seriedad a la película.
Para empezar, los malos de la película, a los que conocemos pronto, son una secta de monjes que parecen chutados con el suero del super soldado o algo por el estilo, ya que son super fuertes, super ágiles, atraviesan ventanas, vallados de amdera y puertas como si nada; son expertos en parkour, pueden colgarse del techo cual Spiderman y hasta resisten las balas a pesar de que estas se disparen prácticamente a bocajarro (para que luego digan que en el seminario sólo se aprenden cosas aburridas y poco útiles para la vida moderna).  La trama de la película parece apuntar en principio a una serie de asesinatos rituales con un móvil religioso para luego pegar un giro final tonto y llegar a una explicación de la trama que no queda clara del todo en ningún momento.
A todo esto se únen escenas pésimamente planificadas (atención al tiroteo en los túneles cerca del final de la película y a ese humo, esas llamas y esas balas digitales que cantan más que un coro de góspel), momentos inexplicables para la mente humana (por ejemplo, en un momento de la película encuentran en una cabaña un cadáver, el cual, claramente nos dicen, lleva más de media hora en ese estado, pero cuando los polis están registrando la escena del crímen sale de la choza uno de los monjes saltarines malvados. ¿Qué cojones hacía el monje media hora dentro la cabaña? ¿Estaba rezando? ¿Echándose una siesta? ¿Esperando a los polis para saludarlos y darles los buenos días en vez de huir de la escena del crímen que él mismo había cometido?), repeticiones de errores de la primera entrega (a los diez minutos tenemos otra estúpida pelea de artes marciales, esta vez entre el poli joven y un camello) y un trabajo de dirección nulo (planos constantes de cielo y nubes usados a modo de cortinillas; zooms, ralentizaciones y aceleraciones en plan videoclipero; una iluminación que provoca que los tonos blancos den la sensación de que,directamente,te estén apuntando con una linterna a los ojos,etc).
En conjunto, la secuela de los Ríos de Color Púrpura es una película que si bien no llega a ser una puta mierta, ya que podrías tragartela perfectamente si te la pasaran por la tele una tarde de domino(más aún si decides no encabronarte y prefieres pasártelo bien con las piruetas de los sacerdotes voladores), es completamente olvidable y prescindible como thriller, como buddy movie y como película en general.







Bueno, queridos amigos y amigas, vamos a hablar de JODAN EL BÁRBARO.
Vale, joder, esto no es una película, es una peli porno, y ni eso, porque sólo dura media hora, en todo caso sería una especie de mediometraje o algo así, pero el caso es que me hacía gracia comentarla un poco por aquí.
El género de las parodias porno siempre ha sido un vehículo más adecuado para el entretinimiento, las risas y el cachondeo que para la masturbación en sí (a pesar de ser porno, resultan cosas tan bizarras que es difícil que te lleguen a excitar de verdad), y en España, los simpáticos amigos de Cumlouder cada vez se están alzando más y más como reyes absolutos del género (y eso que, particularmente, los conozco desde hace muy poco). En esta ocasión, la parodia es evidente, Jodan el Bárbaro es un spoof pornográfico de Conan que cumple desde el primer momento, ya que el actor protagonista es una especie de culturista melenudo, con una cara que da miedo y una polla de elevado grosor y longitud. La cosa es que Jodan/Conan aparece en medio de Montjuic (Barcelona) buscando a su amada Valeria, que aquí es una rubia medio choni y tatuada con tacones y procede a follársela una vez este encuentro se produce. Brutal el comienzo con el prota invocando a Crom y poniendo las mismas poses de Schwarzenegger en la película original y dirigiéndose a pobres turistas y viandantes (que se preguntarían de que cojones iba la cosa) preguntándoles si son enemigos suyos, como brutal es el robo de la banda sonora del film original.Pero vamos, que la parodia prácticamente acaba ahí.
En cuanto a las folladas propiamente dichas, pues se ajustan a los estándares más sencillos: felación, misionero, perrito, cabalgada de la fémina y una escena final apoteósica, que en este caso consiste en el macho usando su hercúlea fuerza para levantar a la tía en el aire y follársela de pie. Pero vamos, más destacable que el polvo en sí son dos pequeños detalles. El primero, el inquietante dilema que uno se plantea cuando no sabe distinguir si la violencia suave del actor hacia la actriz (al fin y al cabo es un bárbaro rudo y salvaje, así que es normal que se la folle duramente, dándole algún azote en el culo, alguna bofetada en la cara, algún tirón del pelo, la típica broma de provocar la arcada con la polla durante la mamada, etc) es intencionada o improvisada, es decir, si la actriz la consiente o no. El otro, la fascinación que me provoca el ver como los de Cumloader son capaces de filmar masturbaciones y mamadas en plena calle, con gente alrededor y todo, sin preocuparles si les pillan o les dicen algo o cualquier cosa. Unos jefes, sin duda.
Vamos, que la cosa esta (personalmente, todo es cuestión de gustos) no da para paja en ningún momento, pero si resulta graciosa de ver, y sobre todo de comentar con los colegas. Vamos, cómo casi cualquier parodia porno. Y cómo soy bueno, os dejo en vez del trailer, la peli completita en una baja calidad que te cagas (pero vamos, que XVideos la podéis ver gratis y mejor en cualquier momento con sólo pinchar aquí).







Título: Starship Troopers: Las Brigadas del Espacio (Starship Troopers)
Título en Latinoamérica: Tropas Estelares
Título en Serbia: Svemirski vojnici
Director: Paul Verhoeven
Año: 1997
Intérpretes: Casper Van Dien (John Rico), Dina Meyer (Dizzy Flores), Denise Richards (Carmen Ibáñez), Jake Busey (Ace Levy), Neil Patrick Harris (Carl Jenkins), Clancy Brown (Sargento Zim), Michael Ironside (Teniente Rasczak)
Calificación (sobre 10): 6

Ni Robocop, ni Desafío Total, ni pollas. Esta es la película de Paul Verhoeven que más veces he visto, básicamente por la sencilla razón de que mi abuelo tenía el VHS de la misma en su casa y la tenía más a menos que otras cuando era más joven y lo de Internet no estaba tan trabajado de cara al consumidor. 
La historia de Starship Troopers es la de tres jóvenes amigos que, tras acabar el instituto, se separan para ingresar en el ejército del gobierno futuro de la Tierra, un organismo político fascista, donde se prepararán como soldados, pilotos u oficiales de inteligencia para defender al planeta en una guerra contra una raza de insectos alienígenas.
Básicamente una película bélica ambientada en el futuro, centrada en un protagonista que empieza la peli como recluta y la acaba como oficial, en lo que es una especie de analogía con el sueño americano (a pesar de que la mayoría de personajes en la película son ciudadanos argentinos), de manera que si se sustituyera a los aliens por asiáticos, podría pasar perfectamente por una peli sobre la guerra de Vietnam, de hecho, toda la película es similar, el cuanto al concepto, a La Chaqueta de Metálica de Kubrik , de manera que la primera hora es más reposada (incluyendo toda la parte de la instrucción en la escuela militar, qué es lo mejor de la película), en la que se nos presenta como es ese futuro, en el que, por ejemplo se utilizan los institutos como centros de reclutamiento y la ciudadanía sólo se les concede a los que llevan a cabo el servicio militar, mientras que la segunda es la guerra en sí, es decir, tiros, bombardeos, acción, sangre y tripas a raudales, etc. En cualquier caso, la violencia y el humor negro están garantizados, pues al fin y al cabo es una película de Verhoeven, al igual que, por ejemplo, los efectos especiales, que resultan bastante solventes (no es la Guerra de las Galaxias pero es casi lo mejor que podían conseguir en ese momento), pero no todo en la cinta es oro en paño. Y es que la misma es uno de los mayores nidos de cutres de la historia de cine, es decir, una de las películas con peor casting que recuerdo.
Tenemos actores malos, comenzando por Casper Van Dien, uno de los más memorables reyes del videoclub de los tiempos modernos y un señor que ha llegado a trabajar con grandes gigantes de la caspa cinematográfica como The Asylum o el canal Sci-Fi y a protagonizar bodrios históricos como Skeleton Man, que aquí interpreta al protagonista manteniendo la misma cara de rabia durante toda la película, de manera que los momentos en los que tiene que mostrar tristeza, amor o cualquier otro sentimiento que no sea la pura ira quedan totalmente patéticos. También tenemos en esta categoría a Jake Busey, el hijo de Gary Busey que aquí recoge el testigo de su padre, elevando la mediocre capacidad interpretativa de este al cuadrado interpretando al clásico soldado bocazas y medio bobo; y a Neil Patrick Harris, cuando todavía no era famoso, interpretando a Barney Stinson un mindundi con poderes telepáticos que aparece contadísimos minutos en la película.
Y tenemos actores horrendos, como Denise Richards (la que enseñaba las tetas en Juegos Salvajes), interpretando a la novia zorripaina de Casper Van Dien, cuya actuación, totalmente horripilante y negada, provoca en el espectador el deseo de que una bala perdida le reviente la cabeza; o Dina Meyer, que hace las veces de la amiga de Casper Van Dien que en realidad quiere ser su novia zorripaina, cuyo mayor aportación al film es enseñar las tetas y protagonizar la escena de muerte más graciosa de toda la película.
En resúmen, que muy mal tienen que estar las cosas para que Michael Ironside (uno de los malos de Desafío Total) y Clancy Brown (que ojo, considero que es un actor solvente que ha hecho muy buenos papeles como el de El Kurgan en Los Inmortales o el del Reverendo Justin Crowe en la serie de televisión Carnivále) sean los mejores intérpretes de la película. Ahí lo dejo.
En cuanto a la dirección, la verdad es que Paul Verhoeven no hace un esfuerzo titánico por mostrar algo nuevo, salvo quizás en las acciones de acción, en las que la cámara, en muchos momentos, abandona los planos cercanos a los personajes para posicionarse por encima de todos ellos, permitiendo al espectador ver el campo de combate en su totalidad, un acierto, y más en este tipo de películas que se supone, siguen el ejemplo de las tácticas de guerra modernas a la hora de confeccionar las escenas de batallas.
Por otro lado, tenemos a los malos, los enemigos, los aliens, los arácnidos...llamadlos como queráis, pero es indudable que están hechos de puta madre todos ellos, desde la especie de "hormigas" que hacen las veces de soldados rasos hasta el bicho asqueroso succiona-cerebros del final de la película, pasando por las cucarachas escupe ácidos gigantes. El trabajo de animatrónicos, marionetas y decorado de la película es lo que verdaderamente hay que alabar de la película, ya que es en el fondo lo que entretiene de verdad y consigue enganchar al espectador, ya que hace creíble lo que este está viendo. Si los bichos fueran una mierda, esta película sería un bodrio con todas las de la ley.
Pero el caso es que, a pesar de todo, la película es bastante entretenida, se deja ver muy bien y perfectamente podría servir para pasar la tarde y verla de vez en cuando, siempre que uno no ponga las expectativas demasiado altas, porque son tantos los tiros, los alienígenas y la testosterona que rezuma la historia (el prota es un tipo súper duro al que las chicas adoran y que conseguirá llegar a lo más alto y follarse a la tía más buena a base de matar y demostrar a todo el mundo que aquí manda su polla) que a casi cualquier hombre le parecerá aceptable, y coño, a las mujeres también, pues la protagonista femenina también consigue el éxito sin la ayuda de los hombres partiéndole de paso el corazón al macho de turno y salen bastantes traseros y torsos desnudos (no sólo los tíos van a tener su ración de nudismo). Vamos, que al final del todo y, a pesar de sus defectos, Starship Troopers puede calificarse como una película merecedora de un aprobado.







Título: La Leyenda del Samurai: 47 Ronin (47 Ronin)
Título en Serbia: 47 Ronina
Director: Carl Rinsch
Año: 2013
Intérpretes: Keanu Reeves (Kai), Hiroyuki Sanada (Ôishi), Tadanobu Asano (Kira), Ko Shibasaki (Mika), Rinko Kikuchi (La Bruja)
Calificación (sobre 10): 6

Me ha costado ver la puñetera película, debido en parte a la penosa distribución que ha tenido la misma en Madrid y alrededores, y también a las horribles críticas que recibía y que la encubraban como poco menos que un aborto digno del mismísimo diablo. Y una vez más me he llevado la sorpresa de comprobar cuan exageradas pueden ser los señores mal llamados "críticos de cine".
La Leyenda del Samurai se inspira en la leyenda de japonesa de los 47 Ronin, una banda de samurais despojados de su título cuando pierden el honor tras haber fallado a su señor (lo que trajo consigo su prematura muerte), que se embarcaran en una misión de venganza contra un noble enemigo, culpable de la situación que atraviesan los guerreros, ayudados por un paria mestizo.
Vamos a ver. No estamos frente a un nuevo 300 o algo parecido, ni de coña, pero la película tampoco es malucha. Es entretenida, se deja ver de maravilla y podría hacerle la competencia a productos como Piratas del Caribe (o al menos sus secuelas) sin complicación algunas. Es un producto palomitero, y como tal tiene cosas buenas y cosas malas.
Cosas buenas: un casting lleno de caras conocidas, como Hiroyuki Sanada (el malo de Lobezno Inmortal), Rinko Kikuchi (la heroína japonesa de Pacific Rim) o, aunque me costó reconocerle, Tadanobu Asano (osease, el genial Kakihara de la bizarrada Ichi The Killer, ya comentada anteriormente por aquí), todos aquellos comandados, al menos a la hora de vender la película, por Keanu Reeves, que una vez más demuestra que es el rey del anticarisma, pero que sirve de excusa para mostrar algo que no se ha visto muchas veces (al menos que yo recuerde) en el cine: el racismo de los asiáticos hacia el hombre occidental (esos demonios blancos, perros gaijin). Por otro lado, la estética, aunque quizá excesivamente marcada, es perfecta para ambientar la historia en ese japón mitológico de las leyendas tradicionales y ,en general, mola bastante. Finalmente, aunque la historia no deja de ser una cosa sencillita (como buena leyenda tradicional en la que está inspirada) pero tiene un final atípico para esta clase de producciones y que a mí, personalmente, me ha gustado mucho.
Cosas malas: el casting no acaba de convencer en muchos aspectos, el doblaje en castellano para ciertos actores es poco menos que penoso, a las escenas de acción les falta algo más de violencia y gore que sin duda habrían mejorado bastante el producto, ciertos efectos especiales cantan la Traviata en algunos momentos de la cinta y los demonios malvados que aparecen en cierto momento de la película tienen caras y narices de cocainómanos consumidos por la escama. Nimiedades, en su mayoría, ya que no impiden que uno pueda disfrutar del producto en condiciones. 
Visto lo visto, podría decirse que gustará a los que suelen disfrutar de los típicos blockbusters palomiteros veraniegos, siempre y cuando no le exijan grandes cosas a la misma. Queda dicho y escrito.







Título: Makinavaja "El Último Choriso": La Pinicula
Director: Carlos Suárez
Año: 1992
Intérpretes: Andrés Pajares (Makinavaja), Jesús Bonilla (Popeye), Mario Pardo (Moromierda), Pedro Reyes ( Pirata), Llàtzer Escaller (Abuelo Matías)
Calificación (sobre 10): 5,5

Bueno, aquí tenemos una comedia muy española, y más aún teniendo en cuenta que es una adaptación de uno de los personajes de las tiras cómicas de la revista El Jueves, probablemente una de las pocas publicaciones de España que a día de hoy continúan teniendo los cojones bien puestos y soltando toda la mierda que pueden sobre los desastres que asolan nuestra patria querida.
Pero refiriéndonos a la película, primero deberíamos preguntarnos si de verdad esto es una película o no, y digo esto porque la presencia de un guión solido en la misma es ninguna, cero patatero, la trama de la película se resuelve en un conjunto de gags sin hilar protagonizados por Maki y su inseparable Popeye durante hora y media. En cierto modo me recuerda más a un maratón de capítulos de una sitcom (de hecho, posteriormente a esta película y su secuela vería la luz una serie de televisión) o a una de esas películas que sacaba la Disney directas a VHS construidas a partir de pegar varios cortos animados suyos (vease por  ejemplo Mickey y las Judías Mágicas). Por tanto, partiendo del hecho de que no vamos a tener ningún tipo de historia, tenemos que confiar en el talento de los actores y en la calidad de los gags para que estos sean capaces de entretenernos. Y en cierto modo lo consiguen. Para empezar, Andrés Pajares está que se sale (y eso que no soy un fan acérrimo suyo, de hecho, son muy pocas las películas suyas que he visto) como Maki, al igual que Mario Pardo y Llàtzer Escaller como sus respectivos personajes (Jesús Bonilla no, el sólo se interpreta a sí mismo, vamos, lo que ha hecho toda su vida). Luego los gags, pues como podría suponerse, los hay mejores (el gag del atraco al banco, el de la emisora de radio o el de Frank Sinatra) y peores (el del bar de ambiente o el del anarquista, que no tienen ni puta gracia).
Vamos, que poco más puedo decir de la sucia película, salvo que, resumiendo, es una comedia más del montón, que aun así forma parte de un tipo de película que se ha perdido no sólo en este país, sino en la cinematografía mundial en general.






Título: American Horror Story: Coven (American Horror Story, 3ª Temporada)
Emitido en: FX (2013-2014)
Intérpretes: Jessica Lange (Fiona Goode), Sarah Paulson (Cordelia Goode), Kathy Bates (Delphine LaLaurie), Evan Peters (Kyle), Lily Rabe (Misty Day), Taissa Farmiga (Zoe), Angela Bassett (Marie Laveau), Emma Roberts (Madison Montgomery), Gaboury Sidibe (Queenie), Denis O'Hare (Spaulding), Danny Houston (El Hombre del Hacha)
Calificación (sobre 10): 5,5

NOTA: HABRÁ SPOILERACOS

American Horror Story tiene el dudoso privilegio de ser una de las series pioneras que marcó el inicio de la nueva oleada de de series de televisión con temática terrorífica, de la cual han surgido cosas más o menos buenas como esta de la que estamos hablando ahora o el Hannibal de la NBC (Cojonuda precuela en formato televisivo de El Silencio de los Corderos y El Dragón Rojo), y cosas de peor calaña como el Drácula de la NBC, el gran fracaso que fue 666 Park Avenue (una única temporada duró, y a duras penas) o la nueva serie de Abierto Hasta el Amanecer que está por llegar.
El caso que AHS, para abreviar, destacaba por encima de las demás por dos sencillas razones: el protagonismo repartido a partes iguales entre todos los personajes (es una serie muy coral) y una estética ACOJONANTE en todos los sentidos (brutal en todas las temporadas hasta ahora el trabajo de maquillaje, efectos especiales, sonido, banda sonora y, en general, todos los ingredientes destinados a crear una atmósfera si no terrorífica al menos inquietante en todo momento), al margen de otro de los grandes conceptos de la serie, que es que cada temporada tuviera una trama autoconclusiva, pudiendo verse por separado cada una al no haber continuidad entre ellas.
La primera temporada (posiblemente la más redonda hasta la fecha) giraba en torno a una casa encantada en la que todos los que morían en ella acababan convertidos en fantasmas atrapados en el edificio por toda la eternidad y alternaba las vivencias de una típica familia americana en la vivienda con las historias de los fantasmas que la habitaban, sentando las bases que caracterizarían también las posteriores temporadas, esto es: personajes extravagantes y acertados giros de guión.
La segunda temporada transcurría en un manicomio en el que tenían lugar sucesos extraños, y supuso una especie de compendio de prácticamente todos los géneros del cine de terror. Por el psiquiátrico de Briarcliff se pasearon extraterrestres, monstruos caníbales, asesinos en serie, un santa claus psicópata y hasta el mismísimo demonio. Todo ello unido a las magistrales interpretaciones de unos actores aún por descubrir como son Zachary Quinto (Dr. Thredson, Dr. Thredson...) y Lily Rabe (todo un descubrimiento), unido a la presencia de otros veteranos siempre eficientes como James Cromwell o la siempre eficiente Jessica Lange tuvo como consecuencia que los primeros ocho capítulos se convirtieran en lo mejor que ha dado la serie hasta el momento, una montaña rusa infartante con un giro de guión espectacular en el que se revelaba la identidad del asesino en serie conocido como Bloodyface. Sin embargo, el tramo final de la serie se desinflaba progresivamente para acabar con un final muy flojo y para nada acorde con lo que había sido la trama hasta el momento, hasta el punto de dar la sensación de que los guionistas se habían quedado sin ideas y no tenían ni idea de como terminar lo que habían empezado.
Y hemos llegado a la tercera, AHS: Coven, que en esta ocasión gira en torno a un aquelarre de brujas descendientes de las famosas brujas de Salem que habita en Nueva Orleans y mantiene una rivalidad histórica con un cónclave de sacerdotisas de vudú, al mismo tiempo que nos muestra las luchas internas dentro del propio aquelarre por descubrir quién será la próxima Suprema, la nueva líder del mismo.
Si Asylum (la segunda temporada) decaía a partir del noveno episodio, en esta ocasión la falta de imaginación se hace claramente patente a partir del cuarto y la serie cae en picado hasta hundirse en la mediocridad más absoluta. Los guionistas, incapaces de mantener una historia estable, abren tramas por doquier que bien se cierran de golpe o acaban por no pintar nada en absoluto. Los actores que aparecían en estado de gracia en Asylum son reducidos durante el grueso de la serie a meros cameos y aquellos más veteranos se limitan a cumplir sin aportar nada nuevo, sin conseguir destacar como lo habían hecho anteriormente. Y es que todo en esta tercera temporada, tanto el guión, como los personajes y la estética, parecen contagiados de la misma incompetencia que rodea a las actuales y exitosas sagas de "romance con tintes sobrenaturales" adolescentes como Crepúsculo. Pero vamos a ser más concretos.
Tenemos por un lado a Jessica Lange, que interpreta a Fionna,la que es al menos al principio de la serie, la Suprema del aquelarre, una mujer madura pero poderosa e influyente obsesionada con la juventud eterna. Su desarrollo está unido inevitablemente al de resto del resto de personajes, y viene a ser el hilo conductor de toda la historia, en tanto que ,ya sean las jóvenes brujas deseosas de ser la nueva Suprema, sus ancestrales enemigas del cártel del vudú o su hija Cordelia, todos y cada uno de los personajes entran en algún momento en conflicto con ella. Pero he aquí que a mitad de temporada aparece un nuevo personaje, el Hombre del Hacha, el fantasma de un asesino que habita en la academia de brujas y que lleva toda la vida enamorado de Fionna, y es entonces donde se introduce una historia de amor que parece que va a servir de redención al personaje pero que al final no sirve de nada, ya que un giro final cochambroso (y está temporada está llena de ellos) nos devuelve el lado más cabrón del personaje para cerrar su trama de golpe de la manera más agridulce posible.
Luego tenemos a Sarah Paulson, repitiendo en un papel importante otra vez como Cordelia, la hija de Fionna, que es quizás el personaje más definido de toda la temporada: una luchadora sin descanso que busca el bien para sus alumnas y el resurgimiento del aquelarre y que se convierte en la absoluta protagonista de un final de serie que, dicho sea de paso, un servidor veía venir desde kilómetros de distancia.
Kathy Bates, que iba a ser la gran incorporación de esta entrega, interpreta a la sádica Madame LaLaurie, una mujer esclavista inmortal que en sus ratos libres se dedicaba a torturar a sus siervos negros mediante todo tipo de atrocidades que se explayan en mostrarnos en esos primeros capítulos que ponían toda la carne en el asador  y que verdaderamente prometían algo grande...aunque luego todo se quedó en agua de borrajas, porque la verdad es que es un personaje cuya trama nunca llega a definirse del todo y que termina con un final esperado para el espectador en el que se invierten los papeles: la torturadora se vuelve la torturada tras su paso al más allá.
En cuanto al resto de los personajes, la verdad es que ninguno me parece digno de mención, porque la verdad aporta tan poco. 
Angela Basset comienza definiéndose como un enemigo antológico para el aquelarre, para a mitad de la serie sufrir un giro de guión mediante un recurso pobre como pocos (se introduce una trama secundaria de cazadores de brujas que dura, literalmente, dos capítulos) y acaba convertida en aliada para finalmente unir su trama a la de Kathy Bates y cerrarla convirtiéndola en una torturadora infernal compartiendo condenación eterna con la mismísima LaLaurie, no sin antes mostrarnos una explicación para su aparente inmortalidad, que no es ni más ni menos que un pacto con un demonio negro cocainómano llamado Papa Legba (literal).
Lily Rabe, que deslumbró a propios y ajenos en Asylum, interpreta a una bruja hipster que se pasa la mitad de la temporada siendo poco menos que un sucio cameo para luego ganar algo de protagonismo que se le ve arrebatado de golpe por una muerte prematura, para volver al final de la serie en una resurrección "inesperada" que culmina en una muerte definitiva. Y es que, al igual que con otros personajes como el de Madison Montgomery, la ineptitud de los guionistas queda patente cuando uno se da cuenta de que el único recurso que tienen los guionistas para introducir cambios en las tramas es matar personajes para resucitarlos prácticamente de inmediato lo que a todas luces resulta inútil y telefilmesco a más no poder.
Y por último, y no menos importante, tenemos a Taissa Farmiga (volviendo tras su ausencia en la segunda temporada) y a Evan Peters (repitiendo tras sus papeles protagonistas en la primera temporada y en Asylum), lo que indicaba seguro que ibamos a tener ración de romance...pero no indicaba en absoluto que ibamos a tener a dos de los personajes más maltratados por el guión de la historia de la televisión. Taissa Farmiga es una bruja que mata a la gente a polvos (poder que sólo demuestra en dos momentos de la temporada dicho sea de paso) que se ve involucrada en la muerte de Kyle (Evan Peters), por lo que decidirá juntar los cachos de su cadáver para convertirlo en un resucitado a lo Frankenstein. Hasta aquí, todo claro, ¿No? Bien, pues a partir de esta situación disfrutaremos de unas cuidadas interpretaciones de Peters comportándose como un retrasado mental berreando y lloriqueando constantemente y de Farmiga en plan madre cuidadosa, ocultándolo del resto y arreglando sus estropicios a la vez que realiza su consabido papel cómo buena secundaria, montándose tríos, masacrando zombies con una motosierra o resucitando mayordomos muertos para matarlos de nuevo a los cinco minutos siguientes. En el penúltimo, y tras una milagrosa transformación en la que Kyle pasa de ser un engendro con la mentalidad de un niño de dos años a una persona normal y corriente, parece que la pareja va a huir y a vivir su vida de amantes lejos del aquelarre para volver al comienzo del siguiente capítulo porque así lo exigía la trama. En pocas palabas, que habrían salido mejor parados si les hubieran pegado una pedrada a cada uno en la cara y luego les hubieran curado las heridas con una cataplasma de mierda.
Pero ojo, no todo es malo en la puta tercera temporada de AHS, no. La estética sigue triunfando, detalles como ese minotauro, el mayordomo malrollero de los pelos largos, los vestuarios y las escenas gore (ese auto-acuchillamiento de ojos cerca del final de la temporada) cumplen con creces con lo esperado y es prácticamente la única razón por la que no he suspendido esta entrega de AHS (coño, si al fin y al cabo, hasta el demonio de la escama es gracioso y todo).
Básicamente resumiría los errores de American Horror Story: Coven en tres puntos: el primero, un guión desastroso e incompetente en el que las ideas se agotan de golpe a partir del capítulo cuatro más o menos; segundo, un exceso de personajes que no hace sino complicar la dura tarea de componer unas tramas aceptables; y tercero, y que no he mencionado anteriormente, que prácticamente casi todo el aspecto malrollero y/o potencialmente terrorífico del que hacían gala las anteriores entregas desaparece, de manera que parece que en vez de ver una serie de terror estemos contemplando un culebrón de sobremesa.
Termino ya de una puta vez con una sentencia. La cuarta temporada va a ser la última temporada con Jessica Lange (entiendo que haya acabado hasta los ovarios una vez terminada esta). Esto quiere decir que se va uno de los principales atractivos de la serie. Por lo tanto, ya se pueden poner las pilas guionistas y demás responsables y hacer una cuarta entrega apoteósica (corren rumores ya de que tendrá lugar en un circo, lo cual podría resultar fantástico si metieran deformes, enanos y demás aberraciones de la naturaleza) o mucho me temo que Coven habrá sido la primera estocada para una serie que en un principio pintaba muy bien y que actualmente está al borde la agonía final. Y es que de verdad American Horror Story está pidiendo a gritos una última resurrección de esas que tanto han abundado en esta tercera temporada. Dios lo quiera así.



Bueno, esto se acabó un mes más. Y como no me apetece comerme el coco os dejo aquí abajo como despedida al señor compositor James S. Levine y su La La La Song, de la banda sonora de AHS: Coven, un tema que se te mete en la cabeza y no se va ni con la ayuda de una taladradora. Ale, hasta el mes que viene señores lectores. Felices orgasmos.