sábado, 11 de octubre de 2014

ESPECIAL RECOPILACION DE VISIONADOS VERANIEGOS: TEMPORADA 2014




Título: Lost in La Mancha
Directores: Keith Fulton & Louis Pepe
Año: 2002
Intérpretes: Terry Gilliam, Johnny Deep (Él mismo/ Toby), Jean Rochefort (Él mismo/ Don Quijote), Jeff Bridges (Narrador)
Calificación (sobre 10): 7

Esto es básicamente un documental, aunque originalmente pretendía ser un making-of, sobre el fallido proyecto de Terry Gilliam de rodar una adaptación libre del Quijote protagonizada por Johnny Deep y Jean Rochefort que se fue a tomar por el culo por toda una serie de catastróficas desdichas.
Sin dejar de ser un documental, y por tanto, tener el ritmo y la duración propios de este género, Lost in La Mancha resulta fascinante por ser lo que es, la crónica meticulosa de cómo una película se puede ir a la puta mierda en cualquier momento, ya sea por errores humanos del equipo de producción de la misma cómo por la pura mala suerte.
Así, durante algo más de una hora y media somos testigos de cómo Terry Gilliam pudo poner, por fin, en marcha su ansiado proyecto (por más de una década lo intentó sacar adelante) , The man who killed Don Quixote, vemos la forma en la que quería adaptar la obra y también los conceptos novedosos que quería introducir en el film, y sobre todo, vemos la mejor cara del propio Gilliam, su innata habilidad como artesano, como una persona capaz de plasmar de forma brutal sus imaginaciones en el mundo real. Todo esto, al igual que el visionado del escaso metraje rodado de la cinta que se nos muestra nos lleva a creer algo que bien podría haber sido cierto, que de haberse podido terminar probablemente habríamos estado ante un peliculón de la polla.
Y es entonces cuando todo se va al infierno. Las malas condiciones climatológicas, la enfermedad del actor protagonista, Jean Rochefort, y finalmente los problemas de financiación pusieron el último clavo en la tapa del ataúd de la película. Somos espectadores de lo mejor y lo peor que puede ocurrir durante un rodaje, un recordatorio de cómo el destino a veces nos puede jugar una mala pasada.
Igualmente, durante toda la cinta, además de ser puramente una crónica del rodaje, se intenta crear un paralelismo entre la figura de Gilliam y la del propio Quijote, ambos, dos hombres obsesionados con sus fantasías. Se nos muestra cómo, ante hechos que habrían echado para atrás a cualquier persona racional, este sigue adelante, obsesionado con terminar la película y con que todo se va a corregir sólo (el optimismo personificado). Sus más allegados dentro del equipo de rodaje intentan, cómo si de las figuras del cura y el barbero de la obra de Cervantes se trataran, de hacerle recapacitar, traerle de nuevo a la realidad y hacerle ver que el proyecto está abocado al fracaso. Sólo al final, cuando todo está perdido y sin manera de solucionarlo es cuando Gilliam “recupera la cordura” y termina aceptando la verdad, su Quijote no es viable y puede que nunca llegue a serlo.
En resúmen, un documental breve, muy ágil (se pasa volando), que puede llegar a interesar al público por lo que es en esencia, la crónica de una fatalidad dentro del mundo del cine. Muy recomendable.






Título: Hated: GG Allin & The Morder Junkies
Director: Todd Phillips
Año: 1993
Intérpretes: GG Allin, Merle Allin, Dee Dee Ramone, Unk
Calificación (sobre 10): 7

Esto es otro documental, de apenas 50 minutos de duración y estética prácticamente casera, que debería pasar a la posteridad por ser una de las crónicas más realistas y descarnadas del postureo y la excentricidad que se han visto en la historia del cine, esto es, un viaje a velocidad supersónica por la vida, obra y milagros de GG Allin, un controvertido músico punk y su banda, The Murder Junkies.
Y es que la verdad es que poco más se puede contar de ella. ¿Por qué merece la calificación que tiene? Pues porque es una colección de extravagancias protagonizadas por un personaje cuya manera de comportarse y de actuar es tan artificial que el documental completo parece una historia de ficción, un mockumentary de esos, y sin embargo es real cómo la vida misma.Y así vemos a GG Allin cagándose en el escenario y comiéndose sus propias heces, le vemos cortándose el pecho a si mismo con un cristal, golpeándose la cabeza con el micro hasta hacerse una brecha y dándose de ostias con los fans únicamente para su propio regocijo. Por si esto no fuera surrealista también somos testigos de la forma de pensar de Allin, el cuál entre otras cosas estuvo afirmando toda su vida que se iba a suicidar durante uno de sus conciertos o también que uno de los seres humanos al que mejor comprendía era John Wayne Gacy, un conocido asesino en serie al que GG visitó repetidas veces en el corredor de la muerte. Y finalmente, para echarle de comer aparte, también somos testigos de todo el ecosistema que rodea a este freak de la mano de sus compañeros de grupo (ojito a la filosofía expuesta en el monólogo del batería nudista) y de las declaraciones de un fan más o menos normal de la banda, el cuál llega a declarar que ha conocido a fans de GG cuya mayor ilusión en la vida sería que este le partiera la cara a ostias, lo que nos lleva directamente al yo conocido dicho de “¿Quién es más loco, el loco, o el que sigue al loco?”.
Vamos, que esto es un documental que entra como un tiro, no es nada pesado y que nos transporta durante 50 minutejos a un universo alternativo desconocido para la mayoría, y sin embargo real, dónde la degeneración, la excentricidad y la consumición de fluidos corporales es el pan de cada día. Por lo tanto, mola. Merece la pena verlo sólo para flipar con todo lo que ocurre en pantalla y, ¿Por qué no?, para echarse una risas.





Título: ¡Semos Peligrosos! (Uséase, Makinavaja 2)
Director: Carlos Suárez
Año: 1993
Intérpretes: Andrés Pajares (Maki), Jesús Bonilla (Popeye), Mario Pardo (Moromierda), Pedro Reyes (Pirata), Llàtzer Escarceller (Matías), Lita Claver (Manolo)
Calificación (sobre 10): 6

Bueno. Pues otra película más del Maki , que surgió a colación del éxito de la primera, y por tanto repite los esquemas utilizados en esta, es decir, una colección de sketches protagonizados por los personajes de los tiras cómicas de Ivá que, digamos, se alargan a lo largo de hora y media más o menos, enlazándose unos con otros, para que negarlo, de manera algo torpe.
Si tuviéramos que presentar un argumento para la cinta podría ser algo como lo siguiente: el Maki sale de la cárcel, se reúne con su compañero Popeye y el abuelo Matías y se pega unas vacaciones en la costa, donde vive situaciones divertidas.
Desde luego, al igual que en la primera, no se puede decir que haya una trama consolidada, pero hay que reconocer que los responsables del guión de la película aprendieron de lo visto en la primera parte y se molestaron en intentar enlazar mejor unos gags con otros, especialmente en la transición entre los fragmentos del film que transcurren en Barcelona y los que transcurren en la playita (a pesar de que al final de la peli nos encontramos de nuevo con el problema de la torpeza en la unión de los gags cuando, de repente, pasamos de encontrarnos en verano a estar en plenas fiestas navideñas, pero bueno). Las situaciones son, en su mayoría, divertidas pero monótonas, repitiendo gags ya vistos en la primera parte, siendo la mejor parte de la película aquella que transcurre en la costa, con los personajes intentando ligar con mujeres hermosas y estafando a los guiris (y que ya sólo ver a Pajares con el fardapaquete de leopardo ya es motivo de carcajada).
En cuanto al tema interpretaciones, repiten todos los de la primera, siendo Pajares y Escarceller los reyes de la fiesta (sobre todo este último, que es prácticamente el coprotagonista de la cinta, incluso por encima de Jesús Bonilla), seguidos muy de cerca por Mario Pardo y su personaje del Moromierda, al que le habrían venido muy bien algunos minutos más (aunque lo idóneo habría sido que este y el resto de la tropa del bar del Pirata se hubieran compartido espacio con Maki en los fragmentos que transcurren en la playa, es decir, lo grueso de la película).
En resúmen, Makinavaja 2 es lo mismo que la primera, mismos esquemas, mismo tipo de humor, misma calidad de las interpretaciones, y por lo tanto, a pesar de estar mejor construida y de enlazar mejor unos gags con otros, creo que sólo gustará a aquellos a los que les moló la primera.






Título: Big Bad Wolves
Directores: Aarón Exhales & Navot Papushado
Año: 2013
Intérpretes: Lior Ashkenazi (Micki), Rotem Keinan (Dror), Tzahi Grad (Gidi), Doval’e Glickman (Yoram)
Calificación (sobre 10): 7,5

Cuando oí hablar de esta película, una cinta sobre pedofilia, torturas y asesinatos de niñas, que además había cosechado buenas críticas, únicamente pretendía encontrarme algo sórdido y entretenido. Y eso es justo lo que me encontré cuando conseguí localizar uno de los pocos cines que la ha estrenado en Madrid y me metí a visionarla en una sesión intempestiva a las cuatro de la tarde (sesión que por cierto, disfrute yo sólo…una sala de 200 butacas y un solo espectador, será malo para el cine porque no ganarán pasta, pero joder, que bien se disfrutan así las pelis).
Big Bad Wolves cuenta cómo por un error humano, Dror, el principal sospechoso de una serie de asesinatos de niñas, tiene que ser liberado por la policía israelí. Este hecho provocará que un policía poco ortodoxo y el padre de la última víctima del asesino decidan secuestrar y torturar a este sospechoso con el fin de que confiese sus crímenes y revele la localización de los cadáveres de sus víctimas.
La película, con el claro objetivo de venderse en el mercado mundial, ha sido promocionada mediante unas declaraciones de Quentin Tarantino, las cuales pueden verse en el póster de la misma, que la calificaban como “La mejor película del 2013”. Y es que es normal que la haya gustado la película, porque en muchos momentos de la misma, parece que la haya dirigido él mismo. A pesar de ser una cinta israelí, la película respira cine americano de calidad por todos sus poros, en la dirección, en la fotografía, en la banda sonora, en la propia conjunción de la banda sonora con las imágenes, etc.
Se nota a kilómetros que intenta ser una película destinada a llamar la atención más allá de sus fronteras, y por si no lo consiguiera ya con su excelente acabado, añade a esto el que no se corta un pelo. Big Bad Wolves es un film sangriento, sórdido y que no tiene ningún tipo de problema en tratar sin escrúpulos temas cómo la pedofilia o la tortura a seres humanos. Por tanto, considero que es una película que puede llegar a ofender a los espectadores más sensibles, básicamente, a todos aquellos que no puedan soportar ver, cómo ocurre a escasos minutos de comenzar la cinta, el cadáver decapitado de una niña atado a una silla con alambre de espino y las bragas por los tobillos…una escena fuerte (y no de las que más de la película) sin duda, y un movimiento arriesgado por parte de sus realizadores, que les honra, y mucho.
Uno de los grandes méritos de la película es que transcurre prácticamente en su totalidad en el sótano de una casa y sus alrededores, y por tanto, al margen de las escenas de torturas, el peso de esta recae en los diálogos, que son frescos, ágiles y, en los momentos más álgidos, hasta divertidos, y digo esto porque la peli, durante su primera mitad es un thriller con unos asesinatos de por medio, pero, en el momento en que los tres personajes principales se reúnen en el sótano, esta adquiere un aroma a comedia negra (durante la cual, incluso el director tiene tiempo de hacer bromas sobre los métodos de la policía israelí o sobre el conflicto entre musulmanes y judíos en Tierra Santa), que se puede respirar en escenas cómo aquella en la que el poli y el padre de la niña muerta se juegan a cara o cruz quién empieza a romperle los dedos al sospechoso, aquella en la que la madre de uno de los protagonistas le llama al móvil y toda la mentira que se tiene que montar para evitar que se presente en la escena de la tortura, o la inclusión del que, posiblemente, sea el mejor personaje de la cinta, el abuelo de la última víctima y padre de uno de los protagonistas, que es el doble de cabrón e hijoputa que todos los demás juntos, que se presenta en la casa donde ocurren los hechos y también se une a la fiesta. Igualmente, los actores, sin ser una maravilla, se desenvuelven bastante bien en las situaciones, por otro lado, tan extremas, que les toca interpretar, y consiguen mantener, ayudados por un guión, como ya he comentado, muy bueno (que juega continuamente con la presunta culpabilidad del sospechoso sometido a torturas y con la doble moralidad que esto implica), las casi dos horas que dura la película a un nivel notable.
Por tanto, tenemos una película sórdida, violenta y atrevida, con un guión excelente, unas interpretaciones aceptables y un trabajo de dirección y fotografía digno de cualquiera de los grandes profesionales del cine americano actual. ¿Cuántas películas de la cartelera actual pueden decir eso? No tengo más que decir. Muy recomendable, aunque no sea adecuada para toda clase de público.






Título: Girls und Panzer (Garuzu ando Pantsa)
Director: Tsutomu Mizushima
Año: 2012
Producido  por: Actas
Intérpretes (Voces): Mai Fuchigami (Miho Nishizumi), Ai Kayano (Saori), Mami Ozaki (Hana Isuzu), Ikumi Nakagami (Yukari), Yuka Iguchi (Mako)
Calificación (sobre 10): 6

Nos adentramos en el peligroso terreno del anime japonés, territorio en el que un servidor está poco experimentado (no es una de mis mayores aficiones) pero que reconozco que puede llegar a enganchar a una persona más férreamente que la heroína más pura. Y de todos los animes populares que hay, ¿Cuál es el que he escogido para inaugurar este “estreno” dentro de los Visionados? Pues uno de tanques y colegialas.
Miho Nishizumi es una chiquilla joven y vivaracha pero tiene un problema serio, esta traumada por un evento de su pasado. La jovencilla llega a la academia Oaarai para señoritas buscando un único objetivo, no tener que cursar “Maniobras con Tanques Blindados”, una asignatura optativa restringida a mujeres que consiste básicamente en enfrentar a equipos rivales de chicas a cañonazo limpio usando enormes tanques acorazados de la Segunda Guerra Mundial. Dicho y hecho, Miho es obligada nada más llegar, no sólo a cursar la asignatura, sino a liderar al equipo de la academia en los campeonatos nacionales. Hará amigas, conducirá tanques, destrozará rivales,se enfrentará a su hermana, la comandante de la temible academia Kuromorimine, y encontrará su propia camino en el sensha-dô, el arte marcial de conducir tanques.
Putos japos. Son los reyes del surrealismo en estado puro. Sólo a ellos se les podía ocurrir semejante disparate de argumento, una trama semejante a la de cualquier anime deportivo pero adornada con elementos tales cómo academias femeninas enormes construidas sobre portaaviones gigantes en perpetuo movimiento, un universo que parece una mezcla entre la actualidad y los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial… y chicas con minifalda y uniforme escolar conduciendo tanques.
Vamos a dejar las cosas claras, la historia que nos cuenta Girls und Panzer es una mierda, el desarrollo y ritmo de la misma, por tanto, deja también mucho que desear.
Y sin embargo, el anime tiene algo, tiene magia, tiene esa capacidad que sólo pueden tener esta clase de productos, la habilidad de, una vez terminados, llevarte a darte cuenta de un hecho indiscutible, te has entretenido, lo has pasado bien.
Los personajes comienzan importándote una puta mierda, pero, poco a poco, según se nos va desvelando las pequeñas tragedias de cada una de las chicas (Saori quiere encontrar marido, Yukari lleva siendo un ser asocial toda su vida, Isuzu y Miho son despreciadas por sus familias, la primera por renunciar a sus raíces, la segunda, por traicionarlas,etc) acabas cogiéndoles cariño y, para el final, se acaban volviendo entrañables. Es inevitable, una vez terminado el anime, el que los jóvenes nos sintamos identificados con Mako, esa joven constantemente somnolienta y a la que la pura vagancia ha condenado a un futuro incierto dentro de la propia academia Oaarai.Y no sólo gracias a esta dosificación con cuentagotas de las historias relativas a cada personaje, sino también a las pequeñas perlas de humor repartidas a lo largo de los doce capítulos del anime se contribuye a cultivar esa empatía hacia los protagonistas, vease la relación entre Mako y Sodoko, la mujer responsable de asegurar su futuro en la academia (y sus subordinadas clonales); el vergonzoso castigo del “baile del pez linterna”  al que se somete a aquellas que fracasan en el sensha-dô; las motivaciones de las chicas de la academia para participar en las “Maniobras con Tanques Blindados, que van desde ganar el prestigio necesario para resucitar el club de voleibol a participar en el sensha-dô porque “asegura el encontrar pareja”, etc
Pero, sin duda, los tres mayores logros del anime son el diseño de las animaciones, la banda sonora y, asociado a ambos, la concepción y el diseño de los equipos rivales.
La calidad de la animación es cojonuda, ya no sólo por el dibujo, muy suave y agradable, sino por el tratamiento del color y, especialmente, por el diseño de los tanques y las batallas, donde se nota, para bien, el uso del ordenador. De hecho, el anime comienza con una escena de una escaramuza entre equipos rivales rodada en la perspectiva de primera persona que es toda una declaración de intenciones en cuanto a lo que animación se refiere, además de uno de los mejores momentos de todo el anime.
Pero sin duda lo más brillante es la genialidad de aquel al que se le ocurrió idear las características de cada uno de los equipos rivales. Cada una de las academias femeninas que se enfrentan a las protagonistas representan a cada uno de los contendientes de la Segunda Guerra Mundial, pero además descarada e intencionadamente. Colegialas con indumentarias y estética americana, italiana, británica, alemana y soviética desfilan por la pantalla a la vez que los guionistas procuran que cada uno de los equipos encarne los estereotipos y tópicos asociados a cada una de estas nacionalidades. Así, las estudiantes británicas están en todo momento con una taza de té en la mano; las americanas son unas excéntricas, unas rastreras que usan técnicas de espionaje y, al ser las que más pasta tienen, son también el equipo que más tanques tiene; las alemanas, obsesionadas por el orden y la diligencia del mundo militar; y las soviéticas, prepotentes como ellas solas.
Pero la cosa no acaba aquí, ya que a todo esto va asociado el tema de la banda sonora. Esta es pegadiza, alegre y festiva desde su tema principal (y yo soy un defensor de que un buen anime tiene que llamar la atención del espectador desde el principio con un opening vistoso y que quede fijado en la retina del mismo) hasta la canción que suena en los créditos, pero es que además, a algún otro genio responsable de la banda sonora se le ocurrió que cada escuela debería tener un tema musical para las batallas ¿Y qué tipo de música podría ser la más adecuada para un producto de este tipo? Pues una basada en marchas militares y canciones tradicionales de la época de la Segunda Guerra Mundial. Así, las británicas entran en acción al ritmo de The British Grenadiers, las americanas tienen el ultraconocido Battle Hymn of the Republic, las soviéticas, la también mítica Katyusha, y el delirio llega cuando ves a las colegialas alemanas formando escuadrones de tanques y cargando contra el enemigo al compás de Panzerlied, el himno de las tropas acorazadas alemanas en los tiempos del führer.
Resumiendo en pocas palabras. Girls und Panzer es un anime entrañable y simpático, pero con una historia de mierda y un punto de partida que rezuma surrealismo por todas partes, de manera que sólo se podrá disfrutar de verdad si el espectador se centra y desconecta el sentido de la lógica de su cerebro. Dicho queda. ¡¡Panzer vor!! 






Título: Corpse Party: Tortured Souls
Director: Akira Iwanaga
Año: 2013
Producido por: Asread, Mages
Intérpretes (voces): Shimono Hiro (Satoshi Moshida), Eri Kitamura (Yuca Mochida), Rina Satou (Naomi Nakashima), Ikue Ootani (Sachiko), Tetsuya Kakihara (Morishige), Satomi Arai (Seiko)
Calificación (sobre 10): 3,5

Putos japos…pueden ser capaces de hacer las cosas más épicas y fantabulosas, las más surrealistas y descojonantes y también, las mierdas más infectas de la Tierra, categoría a la cual pertenece, por cierto, Corpse Party: Tortured Souls.
Bueno esto de que va...pues un grupo de chavales, la hermana pequeña de uno de ellos y una profe de su instituto hacen un hechizo de amistad perpetua, pero este sale mal y acaban transportados a una escuela maldita donde los fantasmas de los muertos les persiguen para masacrarles, por lo que no tendrán otra que intentar escapar de allí.
Osease un anime de terror que cause cero pánico en el espectador, cosa que se nota desde el propio opening, que parece una puta canción de Nightwish. A pesar de ser super breve, durando únicamente cuatro capítulos, los realizadores de este cacho de mierda demuestran no tener ni puta idea de mantener la tensión o el suspense en el espectador o de construir una trama con un ritmo que mantenga al mismo enganchado de principio a fin. La mitad del anime es un puto coñazo en la que los chavales caminan por pasillos, encontrándose fantasmas y muriendo si es que les toca, y la trama avanza a duras penas para resolverse prácticamente en su totalidad en el último capítulo, con lo cual se puede decir que los tres anteriores son en su mayor parte relleno. Por tanto, cero interés en la historia que nos cuentan.
Nula capacidad también de desarrollar unos personajes adecuadamente, de hecho, el anime viene acompañado de un episodio complementario de 20 minutos en el que se profundiza más en las relaciones entre los personajes que en los otros cuatro capítulos juntos (y en el cual aprovechan también para meternos a dos chiquillas frotándose las tetas entre sí y a una niña de 13 añitos desnuda en la bañera, con lo cual además completamos nuestra dosis de ese fenómeno tan repugnante como legalmente cuestionable cómo es la inclusión de menores de edad en actitudes eróticas en la animación japonesa…¡Viva el país del Sol Naciente!). De esta manera podemos decir que, si no fuera porque nos dejan claro en el anime que son amigos de toda la vida, podríamos creernos que los personajes de Corpse Party: Tortured Souls se conocen por primera vez en el momento en que el primer episodio da comienzo.Así de impersonales y vacíos de sentimientos son estos. No son más que pura carnaza.
Eso sí, a demostraciones de que ellos son los que más cojones tienen de la Tierra, nadie gana a los japoneses, y aquí nos lo demuestran metiéndonos unas cantidades de sangre y tripas desmedidas en cada una de las muertes que se suceden, además de matar, no a uno ni a dos, sino a casi una decena de niños a lo largo de su duración, mostrándonos explícitamente como les acuchillan los ojos y les cortan las lenguas, cosa que disfrutarán las personas que, cómo un servidor, son amantes de la casquería más burra.
En resúmen, Corpse Party: Tortured Souls es una mierda pinchada en un palo, aburrido, vacío de personalidad y casi, casi, de cualquier cosa que hace que algo sea entretenido. Eso sí, las escenas de gore son crueles, sangrientas y explícitas, por lo que si te saltas el grueso del metraje y vas directamente a estas, igual puedes sacar algo de provecho de su visionado. De otra manera, no lo harás.





Título: Arrow (Season 2)
Emitido por: The CW (2013-2014)
Intérpretes: Stephen Amell (Oliver Queen/ Arrow), Katie Cassidy (Laurel Lance), Willa Holland (Thea Queen), David Ramsey (John Diggle), Emily Bett Rickards (Felicity Smoak), Colton Haynes (Roy Harper),Susanna Thompson (Moira Queen),Paul Blackthorne (Quentin Lance), Caity Lotz (El Canario), Manu Bennett (Slade Wilson), Summer Glau (Isabel Rochev)
Calificación (sobre 10): 9

NOTA: Spoilers de la Primera Temporada de Arrow. Cuidado al leer.

Arrow fue uno de los mayores pelotazos de la televisión americana del año pasado sin ninguna duda. Era la primera vez en mucho tiempo que se ofertaba al público una serie de superhéroes seria y centrada al cien por cien en adaptar el cómic original, algo por otra parte, nada de extrañar en los tiempos que corren, en los que el género de superhéroes es más taquillero y está más de moda que nunca. Y sin embargo, a pesar de sus buenas intenciones, la serie tenía sus fallos, los actores no eran precisamente los mejores del gremio y la serie, capítulo tras capítulo llegó a estancarse en la rutina y empezaba a resultar monótona. Aun así, al igual que en cualquier arco argumental de presentación de un serie de cómic nueva, los responsables de esta primera temporada demostraron que esta había sido nada más y nada menos que una prueba, une experimento para comprobar como podía calar una serie de este tipo entre el público, atando todos los cabos sueltos y cerrando todas las tramas abiertas en un fantástico cierre de temporada con su consiguiente cliffhanger Una vez comprobado el éxito, las cabezas pensantes de Arroz se sentaron a planificar el siguiente paso y llevaron a cabo lo que toda serie debería tener, una potenciación de sus virtudes y una reducción de sus defectos. El resultado, una segunda temporada que ya se ha convertido en más que una serie buena y entretenida…es ya historia viva de la televisión.
El final de la primera temporada nos dejó a una Starling City devastada por las consecuencias de la malvada estratagema de Malcolm Merlyn y a un Oliver Queen destrozado por la muerte de su amigo de toda la vida Tommy.
Ahora, unos meses después de estos hechos, Oliver vuelve a la ciudad para enfrentarse a sus demonios y a una familia rota de la mejor forma que sabe, retomando el hábito de Arrow, pero ya no cómo justiciero sin piedad, sino cómo héroe en toda su plenitud. Y así, mientras este se enfrenta a sus propios problemas, en Starling City aparecen nuevos héroes enmascarados en las calles, vuelven viejas amenazas y surgen nuevos peligros que, para más inri, parecen estar relacionados con el pasado de Oliver.
Mientras tanto, en los flashbacks en la isla de Lian-Yu, Oliver, Shado y Slade, tras haber superado con éxito el enfrentamiento contra las tropas de Fyers al final de la primera temporada, apenas tienen tiempo para relajarse cuando tienen que hacer frente a una nueva amenza, la llegada de un barco cargado de mercenarios comandados por el Profesor Ivo, un científico consagrado a la búsqueda de un antiguo experimento japonés que fue abandonado durante la Segunda Guerra Mundial en dicha isla.
Así, en un primer momento, tenemos un planteamiento comiquero y clásico a más no poder, el del héroe que se replantea sus propios principios, que siempre quiere ser mejor persona, a pesar de que sea un ser humano ejemplar si se le compara con el común de los mortales. Sin embargo, a diferencia de en la primera temporada, en la que el conflicto interno del héroe era estirado cómo un chicle a lo largo de toda su duración, esta situación dura lo justo y lo necesario, y es entonces, concretamente en el noveno capítulo, donde un giro de los acontecimientos totalmente inesperado transforma la serie en un producto de acción puro y duro, una carrera contrarreloj para evitar una serie de eventos que suponen una amenaza aún mayor que la mostrada por Malcolm Merlyn al final de la primera temporada. Pero no sólo a base de acción, ritmo vertiginoso y piruetas del guión sobrevive la serie a partir de dicho momento, sino que también guarda pequeños momentos para centrarse en cómo cada uno de sus personajes afronta sus errores pasados, tanto Oliver, en una trama que pasa a estar íntimamente unida a la de los flashbacks en la isla; cómo Moira Queen, a causa de su participación en los desastrosos eventos que prácticamente llevaron a Starling City a su destrucción; Roy, cuya obsesión con el vigilante enmascarado a punto estuvo de costarle su relación con Thea, obsesión que parece reanimada a raíz de los hechos que transcurren a partir del capítulo noveno; Felicity, que se siente poco menos que un lastre para el grupo; Diggle, al que sus vivencias en la guerra y la muerte de su hermano siguen persiguiendo incluso muchos años después de que sucedieran; Laurel, a la que la muerte de Tommy, y su creencia en que no pudo salvarlo, le acaba arrastrando a un alcoholismo y a seguir los pasos de su padre como antagonista de Arrow dentro del sistema legal; e incluso el propio detective Lance, quién empieza a afrontar que quizá la imagen que tenía del vigilante no era la correcta, y que puede que todo este tiempo haya estado persiguiendo a quien no debía. Por tanto tenemos una trama bien construida, con un ritmo que te cagas, surtida cada dos por tres de giros de guión que mantienen la atención del espectador y un desarrollo de los personajes mucho más importante que el sufrido durante la primera temporada (y qué, cómo si esto fuera Juego de Tronos, nos hace temer por las vidas de todos y cada uno de ellos), ¿Qué es lo queda para lograr la serie de superhéroes casi perfecta? Pues contentar al espectador friki de turno, cosa que los responsables de la serie hacen de la forma que mejor saben hacer, introduciendo todos los personajes procedentes de los cómics que el guión puede soportar. Así, a lo largo de los 23 capítulos de los que consta la segunda temporada, asistimos a todo un desfile de referencias comiqueras, entre las que se cuentan los regresos de Deadshot, China White, la Cazadora y el Conde Vértigo, y la introducción de nuevos personajes como el Rey Reloj, Solomon Grundy, Bronze Tiger, la Liga de los Asesinos, el Muñequero, el Hermano Sangre o, mi favorita personalmente, Amanda Waller y su Escuadrón Suicida, que, seguramente, van a dar mucho que hablar en futuras temporadas, si es que no acaban recibiendo serie propia.
Pero, de entre todas estas referencias comiqueras, sobresalen, por su importancia capital en esta temporada, dos: la introducción de Canario Negro y la de Barry Allen.
Hablar sobre la participación del Canario en esta temporada sería cuajar esta reseña de spoilers gordos como puños, por lo que me limitaré a comentar que nos lo presentan en un inicio como un nuevo enmascarado que surge en las calles para hacerle la competencia a Oliver, para, a mitad de la serie, darnos un vuelco completo a sus motivaciones y comportamientos  (entre los cuales se incluye un posible bisexualismo), y pasar a ser lo que es en los cómics, un sidekick del vigilante. En cuanto a Barry Allen, su intervención se limita a un capítulo, pero es una participación de importancia superlativa por la sencilla razón de que la próxima vez que lo veamos en la pequeña pantalla irá provisto de un traje rojo, unas alitas en su cabeza y el símbolo del rayo en el pecho, pues estamos ni más ni menos, que ante la presentación del actor que va a encarnar a Flash, es decir, uno de los pilares fundamentales del universo DC, en su propia serie de próximo estreno (y esto no es ningún secreto).
Pero no sólo en lo referente a guión y desarrollo de la trama han mejorado los responsables de la serie, sino también en lo referente a dirección (las secuencias de acción, especialmente las que acontecen en los últimos tres capítulos de la temporada, pueden presumir de superar con creces a muchas películas de superhéroes con presupuestos millonarios en cuánto al nivel de pulso en la cámara, ritmo de las peleas y coreografía de las mismas) y, sobre todo, en interpretaciones, que sin ser merecedoras de un Emmy (de hecho, actrices cómo la que interpreta a Felicity o la que encarna a Shado, dan más lástima que otra cosa), si resultan correctas y no llegan a molestar, cosa que encaja perfectamente con el espíritu de la serie, pues estamos ante una serie de temática superheroica, en la que la acción y la trama tienen prioridad sobre la calidad  de los intérpretes, y no ante una serie seria y profunda de verdad cómo las superproducciones de la HBO.
Stephen Amell, Katie Cassidy y Colton Haynes mejoran con creces sus interpretaciones, se muestran mucho más cómodos y se desenvuelven mucho mejor que en la primera temporada, pero una vez más, se ven superados por otros personajes menos principales. Seth Gabel, interpretando una vez más al Conde Vértigo, nos da una lección en apenas 50 minutos de cómo componer un villano histriónico comiquero clásico en un papel en el que podemos ver trazas de lo que fue el Joker de Heath Ledger en El Caballero Oscuro. Caity Lotz demuestra cómo debería ser presentada una justiciera femenina, ya sea en la pequeña o en la gran pantalla, es decir, agresiva, fiera, ágil, con alguna que otra punchline memorable, un traje ajustado y un par de tetas bien puestas, pero sin llegar a extremos exagerados. Pero si hay alguien que merece el respeto y la devoción de los espectadores por su papel en esta segunda temporada es Manu Bennett, quién nos deja acojonados con su interpretación de Slade Wilson, uno de los personajes que más evoluciona durante esta segunda temporada, y que se convierte en una de las interpretaciones  más imponentes y salvajes que he podido disfrutar en todos los años que llevo viendo series de televisión.
En resúmen, la segunda temporada de Arrow tiene todos los ingredientes necesarios para componer, ya no sólo una buena serie, sino cualquier producto audiovisual de temática superheroica, y esto es, una buena historia, un buen ritmo en la sucesión de los hechos, giros de guión sorprendentes, secuencias de acción trepidantes, buena caracterización de los personajes, todo un cúmulo de referencias a los cómics originales e interpretaciones que, si bien son mejorables, no molestan en ningún momento. Por ello, me atrevo a decir una vez más, que en esta ocasión, si se ha logrado. Arrow, ha hecho historia de la televisión. Se ha convertido en un ejemplo a seguir, ya no sólo por todos aquellos que alguna vez quieran adaptar un cómic, sea al cine o a la televisión, sino cómo la prueba definitiva de que los errores se pueden corregir y el producto se puede mejorar contentando a realizadores y público por igual.
Mis respetos a los responsables. Un trabajo sobresaliente.




Título: Asesinato en 8 mm (8 MM)
Título en Latinoamérica: 8 Milímetros
Título en Serbia: 8 Milimetara
Director: Joel Schumacher
Año: 1999
Intérpretes: Nicolas Cage (Tom Welles), Joaquin Phoenix (Max California), James Gandolfini (Eddie Poole), Peter Stormare (Dino Velvet), Anthony Heald (Longdale), Catherine Keener ( Amy Welles), Chris Bauer (Máquina)
Calificación (sobre 10): 7

Una de esas películas de aquella época pasada en la que Nicolas Cage era todavía, si no un actor bueno o versátil, un actor solvente, de aquella reducida casta de nombres que te podían salvar el culo en cualquier situación en la que necesitaras una de ellos para tu película. A aquella etapa pertenecen films como Cara a Cara, Con-Air, La Roca o esta Asesinato en 8 mm en la que Nicolás interpreta a un detective privado que es contratado por la viuda de un millonario para que determine si una supuesta película snuff que este poseía es auténtica o no, para lo cual se tendrá que infiltrar en los ambientes más sórdidos del inframundo pornográfico americano.
Más allá de las interpretaciones, entre las que destaca especialmente un Joaquin Phoenix interpretando a un dependiente de un sex-shop que empezaba a asomar la cabeza en Hollywood, y los aspectos técnicos (de hecho, el aspecto general de la película es prácticamente de telefilm), la película destacada más por lo que enseña de tapadillo que por lo que ofrece. De esta manera, el retrato de esos mercados de venta de pornografía en sótanos y garajes, esos sitios tan sucios en los que podías encontrar desde sadomaso hasta, si tenías la desgracia, pornografía infantil, que ya quedan tan lejanos, vestigios de una época en la que Internet aún no había despuntado y cualquier cosa que quisieras tener, hasta la más ruin y repugnante, debía ser adquirida en formato físico; resulta de lo más efectivo, al igual que los breves momentos en los que vemos esa “Agencia de casting”, prueba también de cómo Hollywood puede ser una fábrica de pesadillas tanto cómo de sueños.
Y así, entre tanta mierda y tanta ruindad humana, es normal que los personajes de la cinta se vean afectados. De esta manera, el espectador, más que de un thriller tensa y vibrante (que lo es en algunos momentos), es testigo de un descenso hacia la oscuridad del personaje de Nicolas Cage conforme este se va introduciendo en ese mundo sórdido en el que se desarrolla la historia. Desde el de hombre de familia, amante de la tranquilidad y el buen dinero, pasando por el de el inocente que se topa de bruces con la cruda realidad, hasta, finalmente, el de aquel que decide enfrentarse a toda esa maldad, momentos en los cuales, el personaje de Nicolas Cage, se parece más a la figura del Castigador de la Marvel que muchos otros justicieros pertenecientes a películas rodadas precisamente con esa intención. A todo esto se suma esa reflexión final que nos deja la cinta, la de que cualquier persona, incluso aquella más sencilla o de aspecto más común, o incluso aquella más cariñosa, puede llevar dentro un monstruo ansiando salir a alimentarse.
En resúmen, una película que no destaca por sus interpretaciones, ni por su estilo, ni por la trama que desarrolla, sino por aquello que nos muestra, por abrirnos una puerta a un universo semi-oculto para el común de los mortales, un mundo siniestro y repugnante, y sin embargo, tan real cómo la vida misma. Y que esto cale en el público sólo sirve para ratificar una realidad innegable a día de hoy: el ser humano es morboso por naturaleza, y lo que causa morbo y desagrada, en el fondo atrae y vende.







Título: Hércules (2014)
Título en Serbia: Herkul
Director: Brett Ratner
Intérpretes: Dwayne Johnson (Hércules), John Hurt (Rey Cotis), Joseph Fiennes (Rey Euristeo), Rufus Sewell (Autolycus), Ian McShane (Anfiarao)
Calificación (sobre 10): 4,5

Hércules es un caricato, una burda parodia de sí mismo. Ni es hijo de Zeus ni ostias, simplemente un cenutrio hipermusculado que da ostias como panes que vive alimentando su propia historia con esta clase de mitos, con el fin de asegurar la disponibilidad y ser reconocido allá por dónde pasa. La  pena es que el rey de Tracia está atrapado en una guerra civil y su ejercicio es poco menos que un grupo de inútiles, así que, ¿Qué mejor entrenador para dichas tropas que el hijo de Zeus? Así, dicho y hecho, Hércules pondrá rumbo a Tracia, donde vivirá una experiencia que le enseñará la diferencia entre lo que significa ser un hombre, y lo que significa ser un mito.
Empezando por que nos venden una historia que parece que va a retomar el concepto del Hércules mítico para después mostrarnos luego esto, continuando con una historia mil veces contada y un ritmo que resulta un coñazo, y terminando con un plantel de actores que, en su mayoría, dan más vergüenza que otra cosa, resulta que las expectativas que uno podía poner en este nuevo Hércules se acaban esfumando a la velocidad de la luz cuando uno se sienta delante de la pantalla.
En primer lugar, hay que decir que Dwayne Jonson (The Rock para los amigos) se ha puesto tan monstruosamente fuerte y grande (ignoro si el Anabol habrá tenido algo que ver con ello) que te crees que perfectamente pueda ser el Hércules de la leyenda, vamos, que tiene presencia en la gran pantalla e impone lo mismo que el Swarchenegger de los tiempos de Conan el Bárbaro,osease, un maromo que da ostias como panes, sabe moverse en las escenas de acción y no es necesario que sepa actuar como un intérprete digno de Óscar.
Pero una cosa es llevar a cabo una interpretación mediocre, y otra cosa es causar vergüenza ajena, y de esto último tenemos para dar y repartir. Joseph Fiennes sale cinco minutos y, ya sólo con tan poco tiempo en pantalla, te hace desear el tener el poder de meterte dentro de la propia película para retorcerle el pescuezo. John Hurt tiene un papel más largo, pero da más pena que otra cosa. En sus ojos vidriosos y grises se contempla toda una vida de sufrimiento y penurias, propia de un actor que ya hace años que dejó de conocer sus mejores tiempos, que ya está con un pie en la tumba y que debería retirarse ya por su propio bien y dignidad. Sobre el cameo de Irina Shayk (la novia de Cristiano Ronaldo) sólo diré que sale dos minutos, enseña el culete y se va, pero aún así consigue ella solita ocupar la mitad del póster, que no se note que dos tetas tiran más que dos carretas.
Desde luego, el mejor actor de la película de calle, es el irregular pero siempre solvente Ian McShane, que aquí interpreta al mejor personaje de la película, una especie de místico que afirma haber predicho su propia muerte y, por tanto, le echa más cojones que nadie en las batallas, pues cree tener la seguridad de que “no le ha llegado su hora todavía”.
En cuento al resto de aspectos la película, podemos enumerar, una dirección llevada a cabo por un mercenario (en este caso, el señor Brett Ranner), unas acciones bastante pobremente ejecutadas, unos efectos especiales bastante dignos para lo que tenemos entre manos y una banda sonora que no es más que un refrito de la música de todas las películas épicas de los últimos diez años.
Aun así, la peli resulta entretenida, aún salvando sus muchas taras, y podría ser un complemento perfecto para pasar el tiempo una tarde domingo. Ahora, ni de puta coña merece la pena un mísero duro por ella, sea en cine, sea en formato doméstico.






Título: El Increíble Burt Wonderstone (The Incredible Burt Wonderstone)
Título en Serbia: Neverovatni Bert Vonderstoun
Director: Don Scardino
Año: 2013
Intérpretes: Steve Carell (Burt Wonderstone), Steve Buscemi (Anton Marvelton), Jim Carrey (Steve Gray), Olivia Wilde (Jane), James Gandolfini (Doug Munny), Alan Arkin (Rance Holloway)
Calificación (sobre 10): 6

He aquí una comedia perteneciente a ese género de comedias, cada vez más escaso, en el que la escatología y los chistes de pollas y sexo quedan a un lado para dejar paso a un humor más blanco y, por qué negarlo, más satisfactorio y agradable a largo plazo.
Burt Wonderstone y Anton Marbleton son amigos de toda la vida y, a la vez, una de las parejas de magos más exitosas de Las Vegas. Sin embargo, cuando comienza a despuntar un nuevo mago callejero y Burt se niega a renovarse o morir, acaba condenado al ostracismo y a una situación de penuria y miseria de la que tendrá que salir de cualquier manera.
La película, todo hay que decirlo, cuenta con un talento sobresaliente del humor cómo es Steve Carrell, que se lleva al espectador para su terreno él solito, aunque para ello cuente con la ayuda de un Steve Buscemi con un peluquín y una perilla falsa que ya causa la risa sólo con verla y un Jim Carrey, muy pero que muy controlado para lo que es él (aunque el desenlace de la historia de su personaje nos devuelve al Jim Carrey más loco de la forma más despollante posible). A este trío se une, de forma más anecdótica que otra cosa, la hermosa Olivia Wilde (la doctora Trece de House), que básicamente permite que la película no sea un bosque de rabos y que el género femenino tenga algo de protagonismo.
En general, es una película que pienso que está hecha para gustar, el humor es muy blanco, muy “para todos los públicos” y, en muchos casos, se apoya mucho en la complicidad entre el actor y el gag (por ejemplo, hay bromas que  únicamente funcionan por el hecho de que Steve Buscemi es feo cómo un puto lagarto del desierto); las interpretaciones son buenas para lo que exige la película y esta dura poco más de 90 minutos, por lo que se pasa volando, y más aún, cuando nos paramos a pensar en que, de hecho, la trama tampoco es nada del otro mundo (la clásica historia de caída y redención tan propio de Hollywood).
Y poco más se puede decir, salvo que mola un puñado tanto el hecho de que se describa a la magia como “el arte de seducir a la gente” cómo la canción de “Abracadabra” que meten los protagonistas durante su actuación. La verdad es que prácticamente todas las comedias americanas tienen bastante poco que comentar, simplemente con que hagan reír en un par de momentos ya suelen resultar entretenidas.
Muy buena o muy mala tiene que ser para que se pueda escribir una reseña extensa.





Título: Little Nicky
Título en Latinoamérica: El Hijo del Diablo
Título en Serbia: Mali Niki
Director: Steven Brill
Intérpretes: Adam Sandler (Nicky), Harvey Keitel (Diablo), Patricia Arquette (Valerie), Tommy "Tiny" Lister (Cassius), Rhys Ifans (Adrian), Reese Whiterspoon (Holly)
Calificación (sobre 10): 1

Ostia puta, que jodido horror.
Si hace unas pocas líneas comentábamos que con que una comedia americana con poco que hiciera reír bastaba para convertirla en una buena, o como mínimo entretenida cinta, aquí hablamos de la otra cara de la moneda, esas películas que se presentan como comedia pero que no hacen ni puta gracia en ningún momento. Y la verdad, tras haberla visto, creo sinceramente que uno de los mejores ejemplos de esta situación es Little Nicky.
La película gira en torno al diablo y sus hijos, los cuales quieren heredar el trono del infierno, pero, cómo su padre se lo niega, deciden ir a la Tierra y convertirla en su infierno particular, o al menos eso hacen Cassius y Adrian, porque Nicky, el tercer hijo del diablo, que no tiene ningún interés en esta clase de planes, recibe otro cometido de parte de su padre, viajar también a la Tierra pero para devolver a sus hermanos al infierno.
Adam Sandler habrá hecho películas mejores o peores, pero desde luego Little Nicky es la obra de un retrasado mental. Argumento idiota, personajes patéticos, interpretaciones merecedoras de una cadena perpetua y unos malamente llamados gags que no son más que completas subnormaladas. Desde el primer gag con Jon Lovitz en plan voyeur hasta el cameo de Tarantino, que da más pena que otra cosa, pasando por la infame coña, que se repite varias veces a lo largo de la película, del Pollo Popeye (que dicho sea de paso, ignoro cómo será en versión original, pero no me extrañaría en absoluto que fuera algo que se hubieran inventado los dobladores en pleno proceso de doblaje de lo mala que es la broma).
En lo referente al tema actores, esta es sin duda una de esas películas que deberían mostrar en los cursos de cine cómo el ejemplo perfecto de cómo NO escoger y coordinar un casting adecuado para una comedia. Adam Sandler se muestra como digno deudor del Jim Carrey más histriónico y desatado, con un perpetuo careto de idiota perdido, más cercano al ictus cerebral que al de una mueca que pudiera parecer simpática; por otro lado tenemos a la pobre Patricia Arquette y al señor Rhys Ifans, dos pobres seres humanos a los que alguien un día, equivocadamente, les debió decir que tenían talento para la interpretación, cuando lo que demuestran en películas cómo esta es que dan más lástima que un cachorro de husky apaleado; Harvey Keitel debió de sufrir amenazas de muerte de parte de los productores para que se planteara siquiera salir en esta película y el resultado es que, ya no sólo es que haga un personaje lamentable interpretándolo de forma igualmente lamentable, sino que lo hace de una forma tan desganada y sudando de todo que parece que en lugar de billetes estuviera cobrando en chicles de melón por su papel; y finalmente, para rematar esta menestra de interpretaciones mierdosas, tenemos a una Reese Whiterspoon haciendo de ángel celestial a la que dan ganas de ahogarla en un cubo de lejía para acabar de una vez con la vergüenza ajena que provoca la pobre.
En resúmen, Little Nicky es un aborto salido del infierno. Una comedia sin buenos actores, sin buenos gags, sin buena historia, sin buenos personajes y sin ningún talento que jamás debió haber visto la luz.
No hace ni puta gracia y le doy un 1 porque le meten una piña por el culo a Hitler en un momento de la peli, con lo cual demuestran estar en contra del nazismo, que es un rasgo propio de las buenas personas y absuelve a los realizadores de esta película de la acusación de crímenes contra la humanidad que sin duda hubieran merecido. PUTÍSIMA MIERDA.


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